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Cultura

El herrero

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Los herreros eran vistos en la antigüedad como hombres con una excepcional virtud, trabajaban con metal, el hierro, le daban forma con el fuego, forjado en yunque al rojo vivo sostenido por tenazas que ellos mismos elaboraban, fabricaban sus herramientas : la fragua, el fuelle, el ventilador u oxigenador; yunque, prensas…De modo que su oficio y todo lo que rodeaba al herrero – en un libro ruso que una vez leí sobre la mecánica cuántica; decía que el herrero era visto como un físico nuclear de nuestra era -.

En mi caso los herreros que vi eran hombres fuertes físicamente, musculosos. No así mi maestro de taller de soldadura autógena y eléctrica de la secundaria, don Francisco Cazorla, que era bajo de estatura y no corpulento, normal; usaba camisa de manga corta, esto es en 1965, cuando terminé la secundaria. En el mundo asiático, europeo, el oficio de herrería creó apellido que hasta hoy se usa como Smith, que significa herrero. Aquí en Juchitán hubo un herrero famoso Rosa Auróo’ra’, sobre la calle 5 de mayo Norte; era un hombre fuerte, musculoso y su fragua constante en fuego rebosante y su yunque apoyado sobre un fuerte tronco. Sucede que un joven delicado y sensible y hasta cierto punto amanerado- según Pedro López Rivera – ; su padre para hacerlo regio y darle porte y perfil varonil lo llevó con Rosa Auró’ora’. Estuvo ahí como aprendiz un día; y los siguientes días en vez del taller de herrería, pasó mejor al fondo del callejón donde había una panadería y en cuyo patio un enorme árbol de tamarindo. Llegó el día en que su papá le pregunta si ya era tiempo de instalarle su taller de herrero; su respuesta pronta fue: no!… Papá, un horno es que necesito para hacer pan. Amigos, los herreros fabricaron lanzas, espadas, puntas de dardos y al paso del tiempo fundieron cañones – un antecesor de éste la ballesta-. Me cuenta el joven cerrajero José Francisco Cazorla, que en la casa de sus bisabuelos que fueron famosos herreros, había cajas grandes de madera donde guardaban sus herramientas como también cajas llenas de rifles, pistolas que el maestro Rufo de niño ahí iba a jugar, sacando escopetas, pistolas y rifles que al disparar aventaba chispa; que un día ahí con Los Cazorla, las llevaron reparar y ya no las recogieron.

La familia Cazorla vivió sobre la calle Belizario Domínguez; entre la calle Francisco I. Madero y este malogrado hombre que fue asesinado siendo diputado federal por Huerta el Usurpador, por haber denunciado en la tribuna en la Cámara la traición y lo espurio del presidente: Adolfo C. Gurrión. Ahí en la puerta de Los Cazorla un mangal que hasta hoy firme de pie ahí. Cuánta gente apurada, de noche, de madrugada por haber perdido la llave de la casa de sus puertas antiguas remachadas con adornos en metal de figuras menudas de trapecio, iban a pedir el servicio de cerrajería y así abrir sus casas. Estas llaves largas cuya cerrajería eran hechas por la familia Cazorla, así fue el caso de mis tíos Miguel Saynes y mi tía María Guel- aféresis de Miguel-; que jugando canica, trompo mi primo Miguel y yo olvidamos la llave de su casa en algún lugar. Continúa…

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Cuentos y dichos del niño y el adulto zapoteca espinaleño

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Profesor Luis Castillejos Fuentes / Libro El Espinal: génesis, historia y tradición / Foto: Internet

El terror a la muerte es la base del animismo primitivo de los zapotecas y los niños de antaño, mezcla resultante en alguna forma de este grupo étnico, traen consigo esta mentalidad que tiende a manifestarse en su vida cotidiana. La oscuridad de la noche era propicia para que, sentados sobre un pequeño montículo de arena fresca de río, la chamacada contara historias  sobre fantasmas: “Guenda ruchibi”. Unas veces las oían en voz de los “viejos”, otras de  algún niño que con buena memoria se las transmitía. Se hablaba del bidxaa, espíritu de alguien que se creencia le atribuye madad, que se hace presente o no, deambula en lo oscuro provocando ruidos y gritos extraños imitando la expresión gutural de algún animal. El “sombrerote,” personaje vestido elegantemente y “con mucha plata” para ofrecerla al incauto que cae en su seducción y dominio, convertirlo en su vasallo y llevarlo a vivir lejos, en la cumbre de una montaña o en alguna cueva para en un momento dado hacer el “mal” a otros, pues supónese que tiene pacto con el diablo, binidxaba. Se Cuenta también la historia de “la llorona”, mujer vestida de una blanca y sudada manta que gime desgarradoramente, ya que de esta forma expresa que su alma en pena vaga hasta que algo pendiente que ella dejó en el mundo de los vivos se vea realizado. Todos, “entes” imaginarios, pero eso sí con la creencia de ser portadores del mal y en la charla se da como si lo que se expone fuera una realidad, que aunque provoque miedo,  se torna, interesante para la mente infantil.

En el ambiente de pueblo, todo mundo se conoce, se respeta y se saluda. Y no falta alguien peculiar en su modo de ser, que lo hace distinto del otro, ya sea por poseer  congénito o adquirido algún vicio, cualidad, virtud, etc., sea por defecto físico o por algún hábito fuera de lo común que despierta curiosidad, gracia, burla, admiración y risa en niños y adultos. Este tipo de personaje se hace “relevante”, queda su dicho y su hecho para el comentario grato: Tá Llanque Castillejos “Chiquito”, empedernido tomador de mezcal, su saludo es un grito desgarrado y su gracia colocar un cigarrillo de hojas sobre sus pobladísimas cejas y exhibirse, “zou náa la o zahua lii” ese era su dicho habitual,  José “Huipa” ex-soldado de leva en la revolución, donde alcanzó el grado de cabo, traumado por lo que sufrió en sus andanzas y de mal comer en la brega, después de ingerir “anisado” marchaba solo por las calles haciendo ademanes con saludo militar. Genaro Clímaco, Naro Lele por sus largas extremidades inferiores, semejando al alcaraván, con unas copas que impactaban su cerebro le daba por filosofar: “si tu mal no tiene remedio, porqué sufres y si tu mal tiene remedio también porqué sufres” solía decir con cierta visión premonitoria hacia lo que en la vida es bueno o es malo. Ta Rafé Lluvi, músico por afición y por su adicción al “trago” ya no lo contrataban, de un instinto vivaz, con un papel u hoja verde de lambimbo sobre un peine, de su ronco pecho entonaba melodías para que algún parroquiano le obsequiara una copa y después a su “banquete” que era residuo de tortilla y sobras de comida que con los cerdos compartía en una canoa de madera. Y Tá Rafé aguantó más de un siglo a pesar de esa “vida”. Erasmo Toledo perspicaz y agudo charlador, su plática amena y entretenida despertaba interés y sus frases quedan: Naa Tá Llamo. Xi tal xa llac, le dice un amigo a otro, zaquezi naa marínu. ¿Cómo estás? es la pregunta y la respuesta, es “como siempre”, aunque hayan pasado varios años, hasta los 81, que ya pesaban sobre el cuerpo de Beto Marinu y que por lo mismo no podía conservarse igual, y tiempo después fue hallado muerto en un basurero.

 En las fiestas patrias, la noche del grito y el desfile obligado del l6 de septiembre, con la tabla calisténica organizada por el profesor Bruno Escobar Fuentes, acto muy concurrido porque era de regocijo para la gente del pueblo. Era especie de fiesta popular. Al terminar  el acto literario y el presidente municipal en turno de dar “el grito”, la concurrencia abandonaba el escenario. Quedaban algunos, ya “encopetados”, que a la voz de tribuna libre arengaban a la multitud: Ta Queño Cueto ngüí, Pedro Ché Vale, José “Huipa” y otros, lo hacían habitualmente, sus dichos incoherentes y burlones sobre algún hecho que la autoridad hacía mal, provocaba risas entre los espectadores para luego abandonar el lugar hasta el amanecer.      

Allá por los años cuarenta, antes de abrirse la carretera internacional, mercaderes oaxaqueños, “vallistos”, pasaban por Espinal, estancia de descanso después de un largo peregrinar. Cargaban sobre sus espaldas gruesas y pesadas pacas de pescado seco de san Mateo del Mar para llevar a Oaxaca. Tenían que cruzar en el trayecto la sierra de Guevea y Escuintepec y bajar a Mitla. En algún corredor de casa grande, estancia descansaban y los niños por curiosidad se asomaban y los rodeaban para hacerles picardía, robar algo de su mercancía mientras dormían y reírse de su indumentaria y de su menudo pero macizo cuerpo, al mismo tiempo, admirar su resistencia.

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El apodo para diferenciar al común ciudadano o simplemente para distinguirlo de otro, es de uso común  en los pueblos zapotecas, Al sustantivo se le acompaña con un adjetivo para la fácil identificación: así se dice de Luis “nanchi”, Luis “niño”, Luis “valor”, Luis “guitu”, de José; ché “cuachi”, ché “benda”, ché “bachana”, ché “tita”, ché “huabi”, ché “mistu”, de Antonio; Toño “morral”, Toño “músico”, Toño “neta”, Toño “llúu”, etc.

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Ganadores del Primer Concurso de Composición de la Canción Oaxaqueña 2024 «Canto de mi tierra»

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La redacción

Oaxaca de Juárez, Oax.-(Cortamortaja) 15 de junio de 2024.- La Secretaría de las Culturas y Artes premió a los ganadores de la fase regional del Primer Concurso de Composición de la Canción Oaxaqueña 2024 “Canto de mi tierra”. El evento se llevó a cabo en el auditorio del Tecnológico del Istmo este sábado, donde compositores de la región del istmo mostraron lo mejor de su talento musical.

Ganadores:

  1. Ricardo Amadeus Morquecho Toledo de Juchitán, con la canción “Oaxaqueño soy” (Primer Lugar).
  2. Amilkar Jiménez Juan de San Juan Guichicovi, con la canción “Oaxaca” (Segundo Lugar).
  3. Edgar Daniel Cartas Orozco de Santa María Mixtequilla, con la canción “Oaxaca en Primavera” (Tercer Lugar).

Jurado calificador:

  • José Hinojosa Martínez
  • Juan Nelson Enrique Rosas
  • Gustavo Pineda Díaz
  • Florentino Toledo de la Paz
  • Gustavo Álvarez Villalobos

El concurso destacó el talento y la creatividad de los compositores de la región, promoviendo la riqueza cultural y musical de Oaxaca. Las composiciones ganadoras reflejan el orgullo y la diversidad de la identidad oaxaqueña, resonando con la belleza y la historia de la tierra zapoteca.

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