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ALBERTO OLMEDO LUIS “BETO NINI”

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En la tranquilidad de su domicilio, alejado de las estridencias y del bullicio de la ciudad, disfrutando una vida apacible después de muchos años de trabajo, disminuido en su estado físico, aparentemente triste en una silla de ruedas; pero no, don Alberto Olmedo más conocido como “Beto Nini” mantiene un estado de ánimo alegre y jocoso así como sus amigos lo han conocido. Al visitarlo nos recibe con una sonrisa cordial y efusiva. El amigo Rosendo que me acompaña lo abraza y por la alegría de volverlo a ver, provoca en sus ojos destellos de unas lágrimas que no alcanzan a salir pero que se anuncian por el brillo que genera como evocando las grandes épocas de la pesca en Salina Cruz porque ambos fueron partícipes en su momento; pero coincidieron en algún punto del camino.

Su plática rodeada de incontables vivencias transcurre por las avenidas del tiempo vividas por él y emergen como si fueran recientes y tan frescas que las disfruta cuando las cuenta. Así, desentierra cada una de ellas que permanecen guardadas celosamente.

Gran parte de su vida transcurrió en el mar y un barco fue su refugio de noche y de día, en calma y con tempestades y vientos que lo acompañaron al lado de amigos y compañeros de trabajo. Ya en materia, destapa el telón de su memoria para convertir los recuerdos en palabras que nos comparte con alegría y júbilo.

“Como yo nací aquí en Salina Cruz, desde chamaco empecé a buscar el modo de ganar un poco de dinero para ayudar a la casa, y desde que tuve catorce años allá por 1951 y 1952 ya era “mapache”, así se le decía a los que llegábamos a la bahía por el malecón cerca de la bodega 1 para ayudar a los que pescaban con chinchorros playeros y nos poníamos atrás de las redes para recoger para nosotros los pescados que se escapaban. Me gustó pescar y ya más tarde me integré a una lancha con remos para pescar con cuerdas y después antes de ir al Norte trabajé en el Estelita de Alfredo Cortés Rito, iniciando así mi actividad. El Estelita era un barco muy pequeño, una especie de lancha grande con una caseta”.

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Al señor Cortés Rito con los barcos Estelita y el Pacífico 8 lo considera como el iniciador de la pesca del camarón en el puerto, pues a él se debe la llegada a Salina Cruz del señor Roberto Avendaño con la fábrica de hielo, la primera congeladora y los barcos Eugenia I, ll, lll y lV, y los Leticia que fueron los primeros de la flota camaronera en el puerto.

“En el año de 1952 en la segunda temporada de la visita de los barcos del Norte algunos compañeros “shuncos” nos fuimos de “pavos” para allá; entre ellos Ballanes y la “Despeinada” de los que recuerdo. Estuve en Guaymas y en ese año durante el “Piojillo” que es la veda del camarón obtuve mi libreta de mar; el barco estuvo amarrado dos meses y yo ahí dormía; algunos compañeros de ese puerto me decían: — Shunco, vamos a tomar café– y me llevaban a sus casas a cenar y otras veces a comer, sentí mucho afecto de esa gente.

Me había embarcado en Salina Cruz en el año que refiero para ir al Norte en un barco que se llamaba Cabo Aro l que era de Antonio Browar Pérez, un español que tenía cinco barquitos que llegaron a pescar a Salina Cruz, el capitán era Jesús Atondo y el motorista Horacio Rocha. Ya después en Guaymas seguí en otros buques. Estuve cinco años en ese puerto y cuatro en Mazatlán, luego regresé a mi tierra para trabajar en otros barcos y tiempo más tarde fui parte de la directiva de la Suriana.

Me tocó ver como constructor de barcos al señor Federico Rogers, era un hombre muy dedicado a su trabajo, antes de tener la fábrica de hielo construyó algunos que le encargaron los armadores, sobre esto, comenta: “Don Federico hacía los barcos de madera fuera del muelle, en el lugar en donde estuvo su hielera en la avenida Tampico, por la inalámbrica. Después de terminarlos, el finado Pepe Cruz con maniobras llevaba el barco hasta el muelle y lo echaba al agua por la bodega número 1 donde había un varaderito”.

De sus andanzas como ”pesquero” abundan tantos recuerdos de acontecimientos y personajes que desglosa con facilidad asombrosa y así nos dice que en un principio los barcos usaban el hielo molido guardados en las bodeguitas para conservar el camarón y los viajes eran de 8 días. De los pescadores comenta que muchos llegaron de los puertos del norte y más tarde otros de Campeche, una gran parte se quedó a vivir en Salina Cruz y ahora están sus descendientes que han hecho su vida aquí.

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En su recorrido de recuerdos don Alberto hace un recuento de ellos y platica con satisfacción de muchos de sus amigos de andanzas por la vida.

“Le platico que en Salina Cruz conocí a Juan Suby, que aunque no nació aquí, fue en este lugar donde creció desde niño y en este puerto se hizo beisbolista hasta destacar en la Liga Mexicana donde fue estrella con los Charros de Jalisco y luego con los Tigres. En la Liga de la Costa del Pacífico hoy Liga Mexicana del Pacífico jugó con varios equipos entre ellos Hermosillo y cuando coincidíamos llegaba a nuestro barco ya fuera en Mazatlán o en Guaymas. Decía que era suyo; entraba y llevaba varios kilos de camarón o el marisco de su preferencia, era buen cuate pues cuando jugaba y lo íbamos a ver se acercaba con nosotros para platicar, cosa que estaba prohibido para los jugadores. De Sergio El “Africa” González, también fue mi amigo, recuerdo que el “Pato” Fegeira lo llevó al Norte, como era novato le pedían como requisito para jugar con Guaymas que tuviera un trabajo allá. Ya era yo directivo de la Suriana y lo dimos de alta en la nómina para que cubriera el requisito y así lo ayudamos”.

Entre los recuerdos de don Alberto figuran los nombres de muchos pesqueros como él, así llegan a su memoria los nombres o apodos de Fidel Muñoz Rito, Porfirio Robles Gaspar el “Arrocero”, Teodoro Rojas el “Melenas”, el “Chato” Cayerana, Alberto Sánchez Crispín “Teco Tin”, Negativa, Jesús Robles, Rubelo Rosado “Huamelula”, el “Caníbal”, Ernesto Newman el “Camello”, “Chabelo”, Héctor López Ballanes el “Garapa”, Jesús Atondo, Horacio Rocha, el “Chalupín”, “Pelón” Campillo, “Santiagón”, Anselmo González el “Monterrey”, José Luis Montes, Jorge Góngora, el “Azabache”, el “Cucaracho” José Vásquez Salazar, el “Güero Langosta, “Lolo”, Juan Mendoza el “Caballo”, el Güero Miroslava, el “Chumple”, Hipólito Saviñón, el “Loco” Aníbal y muchos más.

Algunas anécdotas aparecen en el recuento de la vida en el mar al lado de sus compañeros y así nos platicó algunas: “Fui muy amigo del “Güero Langosta” y trabajé con él como marinero en el barco a su cargo; en cierta ocasión íbamos para el Norte y pasamos a Acapulco, no llevábamos suficiente dinero y queríamos beber algo y para ello tuvimos que vender un paquete de camarón para ir a un buen restaurant, entramos a uno muy bonito y nos sentamos a platicar mientras nos servían. El Güero hablaba muy fuerte y era muy dicharachero. De repente llegó un coche muy bonito. El dueño era un señor vestido con ropa de colores chillantes, acompañado de otros cuatro, se sentaron cerca de nosotros y como el “Güero” hablaba y casi gritaba, uno de los acompañantes se acercó a él y le dijo:
—Dice mi patrón que no grite mucho porque no deja platicar.
A lo que el “Gúero” replicó — ¿Y quién es tu patrón?
–Mi patrón es el dueño de casi medio Acapulco.
–¡Ah!—Le dijo el “Gúero”—Dile a tu patrón que yo soy el dueño de la otra mitad.
Cuando escuchó el citado patrón, se paró y le dijo:
–Vénganse a la mesa con sus amigos al cabo que somos los dueños de Acapulco
Nos reímos todos y el llamado patrón pagó todo el consumo de la mesa.
En otra ocasión estábamos en Guaymas, todavía con unas latas de cerveza en el barco y llega Roque que era parte de la tripulación, acercándose al “Güero” que al verlo le pregunta:
–Qué quieres, cuál es tu problema
–Se murió mi mamá.
–Si se murió la mía que era de ojos verdes y que no se muera la tuya que era chihuiteca.
–Ándale—le dijo Roque con una lata de cerveza en la mano con la intención de lanzárselo—Van a haber dos entierros, el de tu madre y el tuyo.
Nuestras carcajadas se escucharon al unísono, festejando la ocurrencia y los ánimos se calmaron. Así era el “Güero Langosta”.

Don Alberto vivió los grandes momentos de la pesca en Salina Cruz, desde la época de Alfredo Cortés Rito, Roberto Avendaño padre e hijo, Fernando de Cima, la llegada de los norteños y pescadores de la zona de Campeche, la etapa de la Congeladora San Juan con John Crety y luego Productos Pesqueros, así como el nacimiento de las cooperativas iniciando con la del señor Cortés Rito y las más importantes como lo fueron la Suriana y la Progresista Istmeña.

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Durante la amena plática reflexiona que la pesca en Salina Cruz que llegó a tener a alrededor de 400 barcos decayó por las malas políticas del gobierno y por el aumento de los insumos para los barcos como lo son el precio del diésel, los aceites que elevaron los costos de producción de tal forma que poco a poco dejó de ser rentable mantener un barco.
Finalmente don Alberto, “Beto Nini” se retiró en el año 2009 cuando realizó su último viaje después de 45 años de navegar por el Pacífico mexicano. Hoy vive jubilado con una pensión del Instituto Mexicano del Seguro Social y complementa con el apoyo que ofrece el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador.

“Cuando nos afiliamos al Seguro Social nadie nos orientó para aportar más, porque teníamos dinero para hacerlo, al contrario, decidimos pagar lo mínimo porque no ocupábamos el servicio médico, ahora nos arrepentimos porque la pensión es raquítica”.

Así terminamos la entrevista con don Alberto “Beto Nini” Olmedo Luis, un pescador salinacrucense referente en nuestro puerto.

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Cuentos y dichos del niño y el adulto zapoteca espinaleño

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Profesor Luis Castillejos Fuentes / Libro El Espinal: génesis, historia y tradición / Foto: Internet

El terror a la muerte es la base del animismo primitivo de los zapotecas y los niños de antaño, mezcla resultante en alguna forma de este grupo étnico, traen consigo esta mentalidad que tiende a manifestarse en su vida cotidiana. La oscuridad de la noche era propicia para que, sentados sobre un pequeño montículo de arena fresca de río, la chamacada contara historias  sobre fantasmas: “Guenda ruchibi”. Unas veces las oían en voz de los “viejos”, otras de  algún niño que con buena memoria se las transmitía. Se hablaba del bidxaa, espíritu de alguien que se creencia le atribuye madad, que se hace presente o no, deambula en lo oscuro provocando ruidos y gritos extraños imitando la expresión gutural de algún animal. El “sombrerote,” personaje vestido elegantemente y “con mucha plata” para ofrecerla al incauto que cae en su seducción y dominio, convertirlo en su vasallo y llevarlo a vivir lejos, en la cumbre de una montaña o en alguna cueva para en un momento dado hacer el “mal” a otros, pues supónese que tiene pacto con el diablo, binidxaba. Se Cuenta también la historia de “la llorona”, mujer vestida de una blanca y sudada manta que gime desgarradoramente, ya que de esta forma expresa que su alma en pena vaga hasta que algo pendiente que ella dejó en el mundo de los vivos se vea realizado. Todos, “entes” imaginarios, pero eso sí con la creencia de ser portadores del mal y en la charla se da como si lo que se expone fuera una realidad, que aunque provoque miedo,  se torna, interesante para la mente infantil.

En el ambiente de pueblo, todo mundo se conoce, se respeta y se saluda. Y no falta alguien peculiar en su modo de ser, que lo hace distinto del otro, ya sea por poseer  congénito o adquirido algún vicio, cualidad, virtud, etc., sea por defecto físico o por algún hábito fuera de lo común que despierta curiosidad, gracia, burla, admiración y risa en niños y adultos. Este tipo de personaje se hace “relevante”, queda su dicho y su hecho para el comentario grato: Tá Llanque Castillejos “Chiquito”, empedernido tomador de mezcal, su saludo es un grito desgarrado y su gracia colocar un cigarrillo de hojas sobre sus pobladísimas cejas y exhibirse, “zou náa la o zahua lii” ese era su dicho habitual,  José “Huipa” ex-soldado de leva en la revolución, donde alcanzó el grado de cabo, traumado por lo que sufrió en sus andanzas y de mal comer en la brega, después de ingerir “anisado” marchaba solo por las calles haciendo ademanes con saludo militar. Genaro Clímaco, Naro Lele por sus largas extremidades inferiores, semejando al alcaraván, con unas copas que impactaban su cerebro le daba por filosofar: “si tu mal no tiene remedio, porqué sufres y si tu mal tiene remedio también porqué sufres” solía decir con cierta visión premonitoria hacia lo que en la vida es bueno o es malo. Ta Rafé Lluvi, músico por afición y por su adicción al “trago” ya no lo contrataban, de un instinto vivaz, con un papel u hoja verde de lambimbo sobre un peine, de su ronco pecho entonaba melodías para que algún parroquiano le obsequiara una copa y después a su “banquete” que era residuo de tortilla y sobras de comida que con los cerdos compartía en una canoa de madera. Y Tá Rafé aguantó más de un siglo a pesar de esa “vida”. Erasmo Toledo perspicaz y agudo charlador, su plática amena y entretenida despertaba interés y sus frases quedan: Naa Tá Llamo. Xi tal xa llac, le dice un amigo a otro, zaquezi naa marínu. ¿Cómo estás? es la pregunta y la respuesta, es “como siempre”, aunque hayan pasado varios años, hasta los 81, que ya pesaban sobre el cuerpo de Beto Marinu y que por lo mismo no podía conservarse igual, y tiempo después fue hallado muerto en un basurero.

 En las fiestas patrias, la noche del grito y el desfile obligado del l6 de septiembre, con la tabla calisténica organizada por el profesor Bruno Escobar Fuentes, acto muy concurrido porque era de regocijo para la gente del pueblo. Era especie de fiesta popular. Al terminar  el acto literario y el presidente municipal en turno de dar “el grito”, la concurrencia abandonaba el escenario. Quedaban algunos, ya “encopetados”, que a la voz de tribuna libre arengaban a la multitud: Ta Queño Cueto ngüí, Pedro Ché Vale, José “Huipa” y otros, lo hacían habitualmente, sus dichos incoherentes y burlones sobre algún hecho que la autoridad hacía mal, provocaba risas entre los espectadores para luego abandonar el lugar hasta el amanecer.      

Allá por los años cuarenta, antes de abrirse la carretera internacional, mercaderes oaxaqueños, “vallistos”, pasaban por Espinal, estancia de descanso después de un largo peregrinar. Cargaban sobre sus espaldas gruesas y pesadas pacas de pescado seco de san Mateo del Mar para llevar a Oaxaca. Tenían que cruzar en el trayecto la sierra de Guevea y Escuintepec y bajar a Mitla. En algún corredor de casa grande, estancia descansaban y los niños por curiosidad se asomaban y los rodeaban para hacerles picardía, robar algo de su mercancía mientras dormían y reírse de su indumentaria y de su menudo pero macizo cuerpo, al mismo tiempo, admirar su resistencia.

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El apodo para diferenciar al común ciudadano o simplemente para distinguirlo de otro, es de uso común  en los pueblos zapotecas, Al sustantivo se le acompaña con un adjetivo para la fácil identificación: así se dice de Luis “nanchi”, Luis “niño”, Luis “valor”, Luis “guitu”, de José; ché “cuachi”, ché “benda”, ché “bachana”, ché “tita”, ché “huabi”, ché “mistu”, de Antonio; Toño “morral”, Toño “músico”, Toño “neta”, Toño “llúu”, etc.

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Ganadores del Primer Concurso de Composición de la Canción Oaxaqueña 2024 «Canto de mi tierra»

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La redacción

Oaxaca de Juárez, Oax.-(Cortamortaja) 15 de junio de 2024.- La Secretaría de las Culturas y Artes premió a los ganadores de la fase regional del Primer Concurso de Composición de la Canción Oaxaqueña 2024 “Canto de mi tierra”. El evento se llevó a cabo en el auditorio del Tecnológico del Istmo este sábado, donde compositores de la región del istmo mostraron lo mejor de su talento musical.

Ganadores:

  1. Ricardo Amadeus Morquecho Toledo de Juchitán, con la canción “Oaxaqueño soy” (Primer Lugar).
  2. Amilkar Jiménez Juan de San Juan Guichicovi, con la canción “Oaxaca” (Segundo Lugar).
  3. Edgar Daniel Cartas Orozco de Santa María Mixtequilla, con la canción “Oaxaca en Primavera” (Tercer Lugar).

Jurado calificador:

  • José Hinojosa Martínez
  • Juan Nelson Enrique Rosas
  • Gustavo Pineda Díaz
  • Florentino Toledo de la Paz
  • Gustavo Álvarez Villalobos

El concurso destacó el talento y la creatividad de los compositores de la región, promoviendo la riqueza cultural y musical de Oaxaca. Las composiciones ganadoras reflejan el orgullo y la diversidad de la identidad oaxaqueña, resonando con la belleza y la historia de la tierra zapoteca.

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