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Cultura

Claudio López Villalobos. Cantante Salinacrucense.

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Uno de los valores que ha sido pilar por su desenvolvimiento en la música, es Claudio López Villalobos a quien le rindo un reconocimiento por el aporte que en ese terreno ha realizado a lo largo de más de medio siglo de gravitar en ese ambiente de su preferencia. Reconocer el trabajo de tan distinguido salinacrucense es un acto de justicia que sirve de ejemplo para valorar a quien por méritos propios sirve de ejemplo para las nuevas generaciones.

“Entre 1967 y 1968 iniciamos con Lando el primer grupo de rock and roll que fueron los Rangers; Lando tocaba la batería, el finado Víctor Manuel Garfias Valle “Tongo” el bajo, un servidor era la voz, el requinto el amigo Tito un amigo que llegó de Mazatlán, así nació el primer grupo con ese ritmo en Salina Cruz. Después unos compañeros se salieron, yo seguí y entraron Jorge Camacho en el bajo y Abel León en la batería; ese movimiento provocó que Lando pasara al requinto. Con esa base integramos a los Vickers para trabajar con la Cervecería Corona Extra en muchos eventos como en los estands de las fiestas de mayo del puerto y en otros lugares de la región del Istmo. Ese período terminó, Lando siguió con el grupo y con otros elementos se formó Lando y sus Futuros”.

El recuerdo de su primera incursión en el ambiente musical en el puerto hace que Claudio se considere iniciador de la nueva música en la década de los años sesenta y que a la postre lo proyectó para una carrera de muchos éxitos y satisfacciones del que se sienta muy orgulloso.

Al compartir esa experiencia, platica que al término de su educación primaria se apuntó en una academia para estudiar taquimecanografía y al terminar trabajó como secretario en las oficinas de algunas cooperativas pesqueras que existieron por esos años y de esa forma abandonó momentáneamente su afición musical, aunque en algunas fiestas a los que asistía solicitaba a los grupos de música autorización para cantar una que otra melodía sin ningún compromiso laboral.

Así lo describe:

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“En una de esa ocasiones llegó a tocar al puerto, como siempre lo hacían algunos grupos de Tehuantepec, el maestro Flavio J. Cisneros; me pidió que cantara; sentí que le agradó porque al terminar de hacerlo me llamó para invitarme a formar parte de su grupo de cantantes. Fui al primer ensayo a Tehuantepec; pero era difícil para mí por el escaso tiempo a causa de mi trabajo en la cooperativa donde hacía trabajos de contabilidad y por esa razón ya no asistí con el maestro Flavio que me había brindado esa oportunidad”.

En otra ocasión llegaron “Los Cromáticos”, otro grupo de la ciudad de Tehuantepec, asistí a ese baile y cuando ya había terminado su participación y estaban levantando el equipo de sonido y todos los instrumentos musicales; se me ocurrió, porque debo decirlo, andaba un poco alegre, me puse a cantar a capela provocando que me escucharan los muchachos del grupo. El maestro Romeo Ortiz se acercó conmigo elogiando mi voz y mi decisión de mostrarme ante ellos y también para invitarme a formar parte de “Los Cromáticos”. Acepté y decidí en ese momento dedicarme de manera formal a la profesión de cantante”.

Cantar con ese grupo inyectó a Claudio de mucha energía que lo hizo crecer laboral y emocionalmente. Con “Los Cromáticos” estuvo muy contento alrededor de cuatro o cinco años, dedicando esfuerzos y pasión para hacer bien su trabajo. Con ellos se inició como compositor, medianamente, como se califica porque no tiene estudios musicales. Compuso algunos temas que fueron grabados profesionalmente por la marca de discos Peerles en la ciudad de México y una de ellas que le abrió a “Los Cromáticos” las puertas de las demás ciudades del Istmo de Tehuantepec y de otros estados del país.

Las Mujeres del Istmo es una de sus composiciones adaptada con el arreglo musical del maestro Romeo Ortiz que fue aceptada por la empresa de discos cuando realizaron el casting y que agradó por su estilo propio. El tema y la voz de Claudio López Villalobos hicieron el despunte y crecimiento de “Los Cromáticos” que por esos años convirtieron al grupo en uno de los favoritos de la región, pues no había baile importante donde no tuvieran participación.

Cuando el ciclo con “Los Cromáticos” terminó, Claudio que ya tenía en su alforja un reconocimiento por su voz ganado a pulso, fue invitado por el maestro Laydo para formar parte del grupo del Negro Laydo. Con la orquesta fue otro momento estelar para él, ahí compartió el escenario con su compadre Góngora y otro referente como Jimmy de Unión Hidalgo. Refiere que eran cuatro cantantes, por esa razón sólo tenía participación en una o dos melodías y sintió que no expresaba todo el potencial de su voz. Con este panorama tuvo que buscar nuevos rumbos porque quería más actividad.

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Cuando Moi Villalobos abandonó a los Royangs, otro grupo de Tehuantepec, Claudio durante alrededor de un año fue la voz musical del grupo hasta la llegada de Juan José Cartas Antonio a quien considera su gran amigo, un hermano con mucha afinidad por ser ambos del barrio San Francisco en el puerto salinacrucense.
De su nuevo destino al retirarse de los Royangs, recuerda que:
“Me buscaron los de Sonido 5 de Ciudad Ixtepec, con ellos estuve trabajando y durante esa estancia compuse otra canción. En 1973 durante un baile de la Vela 27 de Septiembre conocí a Chico Che y de inmediato nos identificamos al grado que con el tiempo decidimos convertirnos en compadres. A él le gustó mi tema “Las Mujeres del Istmo” que grabó a su estilo muy particular y que según me dijo, que gracias a esa canción pudo entrar al Istmo.

Cuando en Sonido 5 por algunas diferencias el grupo se desbarató, trabajé con Zetuna, me pidió que buscara elementos y armé el grupo Z- 79. Ahí estuve otros dos años hasta que terminó el compromiso, regresando a Salina Cruz”.
Por esos años, en el puerto el ambiente musical se había transformado y nuevas formas habían surgido como la reducción de integrantes para amenizar fiestas y convivios. De esa forma Claudio pudo integrarse con un viejo conocido de él, Rafael Vásquez, que había destacado con el grupo de Los Míster. Ambos compartieron sus experiencias, el maestro Rafael en el teclado y en la voz Claudio López Villalobos. Fue exitosa esta nueva modalidad hasta que ambos buscaron nuevos derroteros.

Desde hace tiempo trabaja por cuenta propia con su teclado hasta la fecha, sin perder el principal tributo que lo ha distinguido; su voz inconfundible.

De su aportación a la música considera que tres temas de su autoría pueden considerarse exitosas y que lo llenan de muchas satisfacciones: Mercado Istmeño, Las Mujeres del Istmo y una balada que se llama Morir Pensando en ti.

Cuando le pregunto sobre su visión de los grupos y músicos del Istmo de Tehuantepec, reflexiona detenidamente para expresar lo que a su juicio siente:
“Pienso que en el Istmo existen muchos valores, tanto en voces como excelentes músicos y buenos grupos. Afortunadamente existe mucho trabajo; pero no logran trascender porque no quieren salir del medio donde están, no arriesgan en busca de ir más allá; y, lógico, se estancan. A diario vemos muchos talentos y buenos grupos en Salina Cruz, en Tehuantepec, Juchitán, Espinal, Unión Hidalgo y en todo el Istmo en general. Falta mentalidad, se debería tomar el ejemplo de los veracruzanos; al parecer ellos son más profesionales y dedicados y no tienen miedo de salir a buscar sus espacios para alcanzar el éxito.

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Invito a nuestros compañeros jóvenes a buscar el fogueo y a que se decidan; la prueba es que en grupos muy famosos del país participan músicos oaxaqueños e istmeños. Recuerdo a un muchacho de Comitancillo que ya murió, se llamaba Miguelito, fue un saxofonista de Coyuca 2000 y otros que están destacando a nivel nacional; pero hacen falta más.

Por mi parte, quiero decir que me siento muy feliz de haber abrazado esta profesión tan noble y de muchas satisfacciones. Soy oriundo del puerto de Salina Cruz y nací en el barrio San Francisco el 13 de abril de 1943.

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Cultura

Cuentos y dichos del niño y el adulto zapoteca espinaleño

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Profesor Luis Castillejos Fuentes / Libro El Espinal: génesis, historia y tradición / Foto: Internet

El terror a la muerte es la base del animismo primitivo de los zapotecas y los niños de antaño, mezcla resultante en alguna forma de este grupo étnico, traen consigo esta mentalidad que tiende a manifestarse en su vida cotidiana. La oscuridad de la noche era propicia para que, sentados sobre un pequeño montículo de arena fresca de río, la chamacada contara historias  sobre fantasmas: “Guenda ruchibi”. Unas veces las oían en voz de los “viejos”, otras de  algún niño que con buena memoria se las transmitía. Se hablaba del bidxaa, espíritu de alguien que se creencia le atribuye madad, que se hace presente o no, deambula en lo oscuro provocando ruidos y gritos extraños imitando la expresión gutural de algún animal. El “sombrerote,” personaje vestido elegantemente y “con mucha plata” para ofrecerla al incauto que cae en su seducción y dominio, convertirlo en su vasallo y llevarlo a vivir lejos, en la cumbre de una montaña o en alguna cueva para en un momento dado hacer el “mal” a otros, pues supónese que tiene pacto con el diablo, binidxaba. Se Cuenta también la historia de “la llorona”, mujer vestida de una blanca y sudada manta que gime desgarradoramente, ya que de esta forma expresa que su alma en pena vaga hasta que algo pendiente que ella dejó en el mundo de los vivos se vea realizado. Todos, “entes” imaginarios, pero eso sí con la creencia de ser portadores del mal y en la charla se da como si lo que se expone fuera una realidad, que aunque provoque miedo,  se torna, interesante para la mente infantil.

En el ambiente de pueblo, todo mundo se conoce, se respeta y se saluda. Y no falta alguien peculiar en su modo de ser, que lo hace distinto del otro, ya sea por poseer  congénito o adquirido algún vicio, cualidad, virtud, etc., sea por defecto físico o por algún hábito fuera de lo común que despierta curiosidad, gracia, burla, admiración y risa en niños y adultos. Este tipo de personaje se hace “relevante”, queda su dicho y su hecho para el comentario grato: Tá Llanque Castillejos “Chiquito”, empedernido tomador de mezcal, su saludo es un grito desgarrado y su gracia colocar un cigarrillo de hojas sobre sus pobladísimas cejas y exhibirse, “zou náa la o zahua lii” ese era su dicho habitual,  José “Huipa” ex-soldado de leva en la revolución, donde alcanzó el grado de cabo, traumado por lo que sufrió en sus andanzas y de mal comer en la brega, después de ingerir “anisado” marchaba solo por las calles haciendo ademanes con saludo militar. Genaro Clímaco, Naro Lele por sus largas extremidades inferiores, semejando al alcaraván, con unas copas que impactaban su cerebro le daba por filosofar: “si tu mal no tiene remedio, porqué sufres y si tu mal tiene remedio también porqué sufres” solía decir con cierta visión premonitoria hacia lo que en la vida es bueno o es malo. Ta Rafé Lluvi, músico por afición y por su adicción al “trago” ya no lo contrataban, de un instinto vivaz, con un papel u hoja verde de lambimbo sobre un peine, de su ronco pecho entonaba melodías para que algún parroquiano le obsequiara una copa y después a su “banquete” que era residuo de tortilla y sobras de comida que con los cerdos compartía en una canoa de madera. Y Tá Rafé aguantó más de un siglo a pesar de esa “vida”. Erasmo Toledo perspicaz y agudo charlador, su plática amena y entretenida despertaba interés y sus frases quedan: Naa Tá Llamo. Xi tal xa llac, le dice un amigo a otro, zaquezi naa marínu. ¿Cómo estás? es la pregunta y la respuesta, es “como siempre”, aunque hayan pasado varios años, hasta los 81, que ya pesaban sobre el cuerpo de Beto Marinu y que por lo mismo no podía conservarse igual, y tiempo después fue hallado muerto en un basurero.

 En las fiestas patrias, la noche del grito y el desfile obligado del l6 de septiembre, con la tabla calisténica organizada por el profesor Bruno Escobar Fuentes, acto muy concurrido porque era de regocijo para la gente del pueblo. Era especie de fiesta popular. Al terminar  el acto literario y el presidente municipal en turno de dar “el grito”, la concurrencia abandonaba el escenario. Quedaban algunos, ya “encopetados”, que a la voz de tribuna libre arengaban a la multitud: Ta Queño Cueto ngüí, Pedro Ché Vale, José “Huipa” y otros, lo hacían habitualmente, sus dichos incoherentes y burlones sobre algún hecho que la autoridad hacía mal, provocaba risas entre los espectadores para luego abandonar el lugar hasta el amanecer.      

Allá por los años cuarenta, antes de abrirse la carretera internacional, mercaderes oaxaqueños, “vallistos”, pasaban por Espinal, estancia de descanso después de un largo peregrinar. Cargaban sobre sus espaldas gruesas y pesadas pacas de pescado seco de san Mateo del Mar para llevar a Oaxaca. Tenían que cruzar en el trayecto la sierra de Guevea y Escuintepec y bajar a Mitla. En algún corredor de casa grande, estancia descansaban y los niños por curiosidad se asomaban y los rodeaban para hacerles picardía, robar algo de su mercancía mientras dormían y reírse de su indumentaria y de su menudo pero macizo cuerpo, al mismo tiempo, admirar su resistencia.

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El apodo para diferenciar al común ciudadano o simplemente para distinguirlo de otro, es de uso común  en los pueblos zapotecas, Al sustantivo se le acompaña con un adjetivo para la fácil identificación: así se dice de Luis “nanchi”, Luis “niño”, Luis “valor”, Luis “guitu”, de José; ché “cuachi”, ché “benda”, ché “bachana”, ché “tita”, ché “huabi”, ché “mistu”, de Antonio; Toño “morral”, Toño “músico”, Toño “neta”, Toño “llúu”, etc.

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Cultura

Ganadores del Primer Concurso de Composición de la Canción Oaxaqueña 2024 «Canto de mi tierra»

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La redacción

Oaxaca de Juárez, Oax.-(Cortamortaja) 15 de junio de 2024.- La Secretaría de las Culturas y Artes premió a los ganadores de la fase regional del Primer Concurso de Composición de la Canción Oaxaqueña 2024 “Canto de mi tierra”. El evento se llevó a cabo en el auditorio del Tecnológico del Istmo este sábado, donde compositores de la región del istmo mostraron lo mejor de su talento musical.

Ganadores:

  1. Ricardo Amadeus Morquecho Toledo de Juchitán, con la canción “Oaxaqueño soy” (Primer Lugar).
  2. Amilkar Jiménez Juan de San Juan Guichicovi, con la canción “Oaxaca” (Segundo Lugar).
  3. Edgar Daniel Cartas Orozco de Santa María Mixtequilla, con la canción “Oaxaca en Primavera” (Tercer Lugar).

Jurado calificador:

  • José Hinojosa Martínez
  • Juan Nelson Enrique Rosas
  • Gustavo Pineda Díaz
  • Florentino Toledo de la Paz
  • Gustavo Álvarez Villalobos

El concurso destacó el talento y la creatividad de los compositores de la región, promoviendo la riqueza cultural y musical de Oaxaca. Las composiciones ganadoras reflejan el orgullo y la diversidad de la identidad oaxaqueña, resonando con la belleza y la historia de la tierra zapoteca.

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