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MÁXIMO RAMÓN ORTÍZ

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«Si Dios me diera licencia ¡Sandunga mamá por Dios! / De abrir esa sepultura ¡Cielos de mi corazón! / Sacaría a mis dos hermanos ¡Ay mamá por Dios! / Máximo Ramón, Ventura ¡Clavel de mi estimación!»

Se conoce muy poco o casi nada sobre el origen y la juventud de quien a la postre alcanzaría el grado de Teniente Coronel, Don Máximo Ramón Ortiz. De entrada, muchos lo ubicamos como el autor de la Sandunga, o mejor aún, el creador de los primeros versos de la Sandunga y el que la popularizó por esta tierra angosta.

Las escasas fuentes “confiables”, nos impiden acercarnos a un Máximo Ramón Ortiz más asimilable, más digerible. Si bien es cierto, que se ha especulado mucho sobre su vida, también es cierto que han salido al paso muchas suposiciones que, con el paso del tiempo, se han venido aceptando como verdaderas. Según el ex gobernador de Oaxaca, Genaro V. Vázquez (1925-1928), quien presumía tener la partida parroquial en donde se leía que Máximo Ramón Ortiz nació el 24 de junio de 1816, y que fue registrado como ladino (hijo de español y mestiza) del barrio Laborío (comúnmente se dice que fue del barrio San Sebastián). Nace en una casa que estaba ubicada en una de las esquinas que hoy ocupa el jardín del chalet de Doña Juana C. Romero. En la partida también aparece que fue asentado por sus padrinos José María Bidaurri y Agustina Girón, como hijo de padres no conocidos. Comenta el Dr. Raúl Ortiz Urquidi en su trabajo publicado en el Universal el 19 de abril de 1953, que los padres de Don Máximo R. Ortiz fueron el padre dominico Juan Ortiz y Delfina Isabel Zabaleta, originaria del barrio Santa María.

Por su parte, el Dr. Alberto Cajigas Langner nos comenta que Máximo Ramón Ortiz fue hijo de Don Luis Ortiz, un español llegado a estas tierras en la postrimería del siglo XVIII; y que su madre se llamaba Delfina, quien procreó a otro hermano suyo llamado Ventura, y que sin duda, su origen era español, pues se confirmaba por lo blanco de su piel y el color azul de sus ojos. Era alto, entre esbelto y de complexión robusta.

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Él y su hermano Ventura crecieron bajo la tutela de su media hermana Marina, confundida por tía de ellos por el informante del Dr. Cajigas Langner, Don Adalberto Celaya, hijo del quien fuera amigo de Máximo Ramón Ortiz, Don Norberto Celaya (1830 – 1906). Marina tenía el gusto por el piano, quien a su vez contagió de esta pasión a sus hijos y a sus medios hermanos los Ortiz.

En su obra Oaxaca Recóndita, Wilfrido C. Cruz nos dice que “puede suponerse” que Máximo estudió en el Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca. Esta suposición la toma como un hecho irrefutable el Ex Gobernador de Oaxaca Genaro V. Vásquez, cuando nos afirma que Don Máximo Ramón Ortiz estudio en el Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca; pero aún va más allá, cuando nos dice que Don Máximo deja truncado sus estudios de abogacía. (“Revista de la Semana” El Universal – 3 de mayo de 1953).

El espíritu bohemio y la predisposición por la aventura, hizo que fuera atrapado en esa vorágine del México convulsionado por las guerras intestinas. Máximo Ramón Ortiz a partir de entonces viviría en todas partes y en ninguna, ya que la condición de guerrillero así se lo exigiría.

En 1848, siendo Gobernador de Oaxaca, el Lic. Benito Juárez, lo nombra gobernador interino del Departamento de Tehuantepec, en el cual dura muy poco tiempo. A partir de ese año en adelante estuvo a favor y en contra del gobierno. Pero después de la visita a Tehuantepec que hiciera en octubre de 1852 Don Benito Juárez, Máximo Ramón Ortiz define su postura y rompe definitivamente con el gobierno. Asalta el cuartel del Batallón Guerrero y es derrotado. A partir de entonces Máximo Ramón Ortiz estuvo a salto de mata. Se une a otro guerrillero juchiteco llamado José Gregorio Meléndez y los dos se adhieren al Plan de Jalisco, viendo en este su salvación. Máximo Ramón Ortiz se pronuncia por este Plan en el barrio Cerrito, el 10 de diciembre de 1852. José Gregorio Meléndez lo realiza el 26 de diciembre del mismo año. Se declaran santanistas y persuaden al General Manuel Martínez Pinillo, a quien tenían sitiado en Tehuantepec, ofreciéndole la gubernatura del estado de Oaxaca, en donde entraría como gobernador interino el día 6 de febrero de 1853. Al Triunfar el Plan de Jalisco, Antonio López de Santa Anna vuelve a ser Presidente de México.

El día 6 de abril de 1853, Máximo Ramón Ortiz es nombrado Gobernador y Comandante Militar del Departamento de Tehuantepec, por el Gobernador Martínez Pinillo. Y de conformidad con el Plan de Jalisco, el día 29 de mayo de 1853, el Presidente de la República General Antonio López de Santa Anna, decreta como Territorio Federal al Istmo de Tehuantepec.

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Tiempo después, se le ordena a Máximo Ramón Ortiz atacar a Cristóbal Salinas, quien ya se había levantado en armas en Juchitán, enarbolando la bandera del Plan de Ayutla, con la finalidad de contribuir al derrocamiento de Santa Anna, y de reincorporar a Oaxaca al territorio del Istmo de Tehuantepec; pero en su intento, Máximo Ramón Ortiz fue derrotado y perseguido por el Coronel Andrés Duarte, el cual lo toma prisionero el 12 de octubre de 1855 en Cerro Machorro, jurisdicción de Jalapa del Marqués, y es entregado a las fuerzas del Capitán juchiteco Cosme Damián Gómez, quien el día 13 de octubre de 1955 le aplicaría la Ley Fuga.
Con forme a la tradición oral, Máximo Ramón Ortiz fue ultimado en un lugar llamado Cerro Machorro y enterrado en un paraje cercano a la comunidad de Peña San Juan. Ahí existe una tumba desmemoriada que según se cree, yacen los restos mortales de Máximo Ramón Ortiz, Esto hecho obedeció – según Cesar Rojas Pétriz – a que se pretendía llevar el cadáver a Tehuantepec, pero que debido a los tiempos difíciles en que se vivía, optaron por enterrarlo en ese lugar, para que posteriormente, pasado el conflicto bélico, lo llevarían a enterrarlo a su tierra natal, cosa que nunca ocurrió.

En otra versión que nos entrega el profesor Ángel Taracena, nos dice que Máximo Ramón Ortiz fue hecho prisionero y conducido a la ciudad de Oaxaca, ahí se le asignó a la ciudad como cárcel, pero se fuga el 18 de septiembre con pretensiones de regresar a Tehuantepec, pero antes de llegar a la Villa, se esconde en el rancho del Cerro Machorro, propiedad de Don Narciso Robles. El Gobierno de Oaxaca dio a conocer la fuga a las autoridades de Tehuantepec y fue cuando el Coronel Andrés Duarte lo hace prisionero y se lo entrega al Capitán Cosme Damián Gómez. Máximo Ramón Ortiz intenta fugarse, pero fue acribillado con la descarga de ocho fusiles. También maneja la versión − que es la más creíble − que le dieron muerte aplicándole la Ley Fuga. El profesor concluye su relato diciendo que Máximo Ramón Ortiz fue enterrado en el cementerio de Jalapa del Marqués.

El ilustre espinaleño, Wilfrido C. Cruz, nos dice que Don Máximo fue fusilado el 13 de diciembre de 1855 (existe el consenso que ocurrió el 13 de octubre de ese mismo año), y conforme al testimonio que recogió de un anciano, nos expone que fue enterrado en uno de los cementerios ya desaparecidos de Tehuantepec, porque el anciano recordaba haber visto, cuando era muy joven, un suntuoso funeral en donde las gentes de todas las clases sociales asistieron ¡Máximo Ramón Ortiz había muerto!

Hasta aquí la entrega sobre la vida azarosa de un hombre que ha sido rescatado de las garras de la ignominia por la Inmortal Sandunga, ya que la historia nos lo entrega como un anti-patria. […] Entréguese los puntos suspensivos entre corchetes para la reflexión.

Imagen Tomada de la obra «Monografía de Tehuantepec» (1954)
del Dr. Alberto Cajigas Langner.
*»YA NO CANTA LA CIGARRA» (2018)
Páginas 43 – 46.

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Cuentos y dichos del niño y el adulto zapoteca espinaleño

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Profesor Luis Castillejos Fuentes / Libro El Espinal: génesis, historia y tradición / Foto: Internet

El terror a la muerte es la base del animismo primitivo de los zapotecas y los niños de antaño, mezcla resultante en alguna forma de este grupo étnico, traen consigo esta mentalidad que tiende a manifestarse en su vida cotidiana. La oscuridad de la noche era propicia para que, sentados sobre un pequeño montículo de arena fresca de río, la chamacada contara historias  sobre fantasmas: “Guenda ruchibi”. Unas veces las oían en voz de los “viejos”, otras de  algún niño que con buena memoria se las transmitía. Se hablaba del bidxaa, espíritu de alguien que se creencia le atribuye madad, que se hace presente o no, deambula en lo oscuro provocando ruidos y gritos extraños imitando la expresión gutural de algún animal. El “sombrerote,” personaje vestido elegantemente y “con mucha plata” para ofrecerla al incauto que cae en su seducción y dominio, convertirlo en su vasallo y llevarlo a vivir lejos, en la cumbre de una montaña o en alguna cueva para en un momento dado hacer el “mal” a otros, pues supónese que tiene pacto con el diablo, binidxaba. Se Cuenta también la historia de “la llorona”, mujer vestida de una blanca y sudada manta que gime desgarradoramente, ya que de esta forma expresa que su alma en pena vaga hasta que algo pendiente que ella dejó en el mundo de los vivos se vea realizado. Todos, “entes” imaginarios, pero eso sí con la creencia de ser portadores del mal y en la charla se da como si lo que se expone fuera una realidad, que aunque provoque miedo,  se torna, interesante para la mente infantil.

En el ambiente de pueblo, todo mundo se conoce, se respeta y se saluda. Y no falta alguien peculiar en su modo de ser, que lo hace distinto del otro, ya sea por poseer  congénito o adquirido algún vicio, cualidad, virtud, etc., sea por defecto físico o por algún hábito fuera de lo común que despierta curiosidad, gracia, burla, admiración y risa en niños y adultos. Este tipo de personaje se hace “relevante”, queda su dicho y su hecho para el comentario grato: Tá Llanque Castillejos “Chiquito”, empedernido tomador de mezcal, su saludo es un grito desgarrado y su gracia colocar un cigarrillo de hojas sobre sus pobladísimas cejas y exhibirse, “zou náa la o zahua lii” ese era su dicho habitual,  José “Huipa” ex-soldado de leva en la revolución, donde alcanzó el grado de cabo, traumado por lo que sufrió en sus andanzas y de mal comer en la brega, después de ingerir “anisado” marchaba solo por las calles haciendo ademanes con saludo militar. Genaro Clímaco, Naro Lele por sus largas extremidades inferiores, semejando al alcaraván, con unas copas que impactaban su cerebro le daba por filosofar: “si tu mal no tiene remedio, porqué sufres y si tu mal tiene remedio también porqué sufres” solía decir con cierta visión premonitoria hacia lo que en la vida es bueno o es malo. Ta Rafé Lluvi, músico por afición y por su adicción al “trago” ya no lo contrataban, de un instinto vivaz, con un papel u hoja verde de lambimbo sobre un peine, de su ronco pecho entonaba melodías para que algún parroquiano le obsequiara una copa y después a su “banquete” que era residuo de tortilla y sobras de comida que con los cerdos compartía en una canoa de madera. Y Tá Rafé aguantó más de un siglo a pesar de esa “vida”. Erasmo Toledo perspicaz y agudo charlador, su plática amena y entretenida despertaba interés y sus frases quedan: Naa Tá Llamo. Xi tal xa llac, le dice un amigo a otro, zaquezi naa marínu. ¿Cómo estás? es la pregunta y la respuesta, es “como siempre”, aunque hayan pasado varios años, hasta los 81, que ya pesaban sobre el cuerpo de Beto Marinu y que por lo mismo no podía conservarse igual, y tiempo después fue hallado muerto en un basurero.

 En las fiestas patrias, la noche del grito y el desfile obligado del l6 de septiembre, con la tabla calisténica organizada por el profesor Bruno Escobar Fuentes, acto muy concurrido porque era de regocijo para la gente del pueblo. Era especie de fiesta popular. Al terminar  el acto literario y el presidente municipal en turno de dar “el grito”, la concurrencia abandonaba el escenario. Quedaban algunos, ya “encopetados”, que a la voz de tribuna libre arengaban a la multitud: Ta Queño Cueto ngüí, Pedro Ché Vale, José “Huipa” y otros, lo hacían habitualmente, sus dichos incoherentes y burlones sobre algún hecho que la autoridad hacía mal, provocaba risas entre los espectadores para luego abandonar el lugar hasta el amanecer.      

Allá por los años cuarenta, antes de abrirse la carretera internacional, mercaderes oaxaqueños, “vallistos”, pasaban por Espinal, estancia de descanso después de un largo peregrinar. Cargaban sobre sus espaldas gruesas y pesadas pacas de pescado seco de san Mateo del Mar para llevar a Oaxaca. Tenían que cruzar en el trayecto la sierra de Guevea y Escuintepec y bajar a Mitla. En algún corredor de casa grande, estancia descansaban y los niños por curiosidad se asomaban y los rodeaban para hacerles picardía, robar algo de su mercancía mientras dormían y reírse de su indumentaria y de su menudo pero macizo cuerpo, al mismo tiempo, admirar su resistencia.

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El apodo para diferenciar al común ciudadano o simplemente para distinguirlo de otro, es de uso común  en los pueblos zapotecas, Al sustantivo se le acompaña con un adjetivo para la fácil identificación: así se dice de Luis “nanchi”, Luis “niño”, Luis “valor”, Luis “guitu”, de José; ché “cuachi”, ché “benda”, ché “bachana”, ché “tita”, ché “huabi”, ché “mistu”, de Antonio; Toño “morral”, Toño “músico”, Toño “neta”, Toño “llúu”, etc.

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Ganadores del Primer Concurso de Composición de la Canción Oaxaqueña 2024 «Canto de mi tierra»

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La redacción

Oaxaca de Juárez, Oax.-(Cortamortaja) 15 de junio de 2024.- La Secretaría de las Culturas y Artes premió a los ganadores de la fase regional del Primer Concurso de Composición de la Canción Oaxaqueña 2024 “Canto de mi tierra”. El evento se llevó a cabo en el auditorio del Tecnológico del Istmo este sábado, donde compositores de la región del istmo mostraron lo mejor de su talento musical.

Ganadores:

  1. Ricardo Amadeus Morquecho Toledo de Juchitán, con la canción “Oaxaqueño soy” (Primer Lugar).
  2. Amilkar Jiménez Juan de San Juan Guichicovi, con la canción “Oaxaca” (Segundo Lugar).
  3. Edgar Daniel Cartas Orozco de Santa María Mixtequilla, con la canción “Oaxaca en Primavera” (Tercer Lugar).

Jurado calificador:

  • José Hinojosa Martínez
  • Juan Nelson Enrique Rosas
  • Gustavo Pineda Díaz
  • Florentino Toledo de la Paz
  • Gustavo Álvarez Villalobos

El concurso destacó el talento y la creatividad de los compositores de la región, promoviendo la riqueza cultural y musical de Oaxaca. Las composiciones ganadoras reflejan el orgullo y la diversidad de la identidad oaxaqueña, resonando con la belleza y la historia de la tierra zapoteca.

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