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Cultura

Cenar en Xadani

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Mientras arremete contra la planicie costera un norte que ha sacado todas sus fuerzas de quién sabe dónde, banderas solferinas ondean agitadamente por las calles de Santa María Xadani, decenas de ellas mueven rítmicamente su color, y no se trata de la resurrección del partido fundado por Lombardo Toledano, el mismo que hundiera Jorge Cruicksank luego de negociar elecciones hace ya muchos veranos.
No, los pepinos no se han levantado del camposanto político (para los jóvenes: los pepinos son una raza extinguida que vibraba bajo los influjos del Partido Popular Socialista); se trata de robustas mujeres enfundadas en enaguas del color ya enunciado, caminando hacia el mercado, el mercadito que le llaman los lugareños.
Y es una delicia verlas enfrentar al no menos robusto aire de enero. Quienes vienen del norte inclinan el torso hacia atrás para compensar la fuerza del viento; las que llevan sus pasos desde el sur, dejan que el peso de su generoso pecho les gane para de esta forma evitar el empujón del nortazo. Poco a poco, en ringlera, se dejan ver por los cortos pasillos del mercado.

Tres planchas de concreto alineadas a lo largo del salón muestran sobre sus lomos palanganas conteniendo camarón fresco de breve tamaño, recién llegado de la Laguna superior, como la mostrada por Marbella Chuecu; cazuelas que dejan salir el aromático pollo horneado que ofrece Tona Bere; o el fresquísimo queso elaborado en el rancho de Poulina Rolando, colocado en una cama de hojas silvestres cuyas ramas son tomadas de un árbol al cual llaman flor de maíz y trae en andas un olor de cielo y tierra.
Mas entre las señoras también se pueden ver niñas de siete u ocho años haciendo el mandado para que los mayores cenen felizmente en casa. Unas compran pan capricho, laurel, bolillos o besos con Na ri’ta’; otras prueban y desaprueban por falto de consistencia el totopo de Ofelia, mientras una está a punto de pagar, la otra la detiene y advierte angustiada ¡nos va a pegar mamá!
La pequeña de chongos le pide cuatro medidas de crema a Marta Tobías, no sin antes degustar el blanco producto y concluir: está agria de tan buena. Enseguida le alcanza diez pesos a la vendedora. Pero la parte culminante de la sesión viene aquí y es toda una ceremonia.
La nieta de Esperanza Miguelitu ofrece en su espléndido zapoteco –tiene apenas diez años y está al frente del negocio nocturno-, ¡carne! ¡carne de cerdo¡ ¡chorizo! Una hermosa mujer se planta ante el puesto y pregunta si el animal estuvo encerrado durante la engorda o no; la respuesta es rotundamente afirmativa ¡claro que sí! Nuevamente la mujer habla y pregunta por el precio del producto; entonces la niña, como haciendo un pase mágico toma una pieza de tasajo –tasajo juchiteco, se entiende, esa pieza alargada cuyo nombre en zapoteco sugiere una traducción literal que sería algo así como carne de mecate-, muestra la longitud que es medio metro, aproximadamente, toma otro pedazo y lo pone junto a la medida, lo corta al mismo tamaño, lo coloca en una bolsita de plástico, se lo entrega a la señora y dice sonriente: veinte pesos.
Con una sonrisa de respuesta, la guapa dama requiere otros diez pesos de carne. La niña, rápida, como el mago que se saca un conejo de la chistera, extiende su medida cárnica otra vez, la dobla en dos, toma otra porción y la compara. ¡Zac!, corta, dando un pilón de diez centímetros y lo entrega.
(Las ráfagas de enero llevan sobre sí el mensaje de La tehuana, cuya voz se escucha desde las trompetas sonoras anunciando otras ricuras para la cena, la junta de padres de familia de la escuela Grabiela Mistral y la entrega de precartillas del Servicio Militar Nacional para los jóvenes de la clase correspondiente a este año, remisos incluidos.)
Media hora más tarde, en el corredor, la familia se congrega para hacerle los honores a las viandas. Enormes jícaras de café humean sobre la mesa, se sumergen las tortillas al interior de los recipientes antes de ser engullidas relamidamente, mientras se comentan las últimas travesuras del folclórico –por decir lo menos- presidente local: que si ya le quiere cobrar derechos de entrada al pueblo a quienes expenden pollo de granja, a los naranjeros, a los vendedores de bon ice, incluso a Lago –el marchante de los dulces y chicles en las pachangas, que viaja desde Juchitán para hacer su negocio.
Por supuesto que las agencias cerveceras y refresqueras no se salvan (la gente comenta que la Corona ofreció realizar una obra en beneficio de la comunidad, pero el presidente quiere cash, dinerito, pues).
Un piquete de policías municipales está apostado a la entrada del pueblo para impedir el ingreso de quienes no se han puesto a mano, fui testigo de cómo le dispararon a una camioneta de la Corona, el ocupante del vehículo –que no llevaba producto alguno- pretendía entrar para hacer un mandado, según sus propias palabras. Desde cuándo la chingada tu patrón no se ha puesto de acuerdo con el presidente, fue la respuesta única, aunada a la grosera muestra de las armas.
Esto y más se platica bajo el amparo de la noche, al calor de la salsa machacada. No hay mundo más feliz que éste.
Afuera los cocoteros se inclinan respetuosamente para saludar el paso del viento enfurecido.

Artículo publicado en el Periodico ENLACE / Año 2006

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Cultura

Cuentos y dichos del niño y el adulto zapoteca espinaleño

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Profesor Luis Castillejos Fuentes / Libro El Espinal: génesis, historia y tradición / Foto: Internet

El terror a la muerte es la base del animismo primitivo de los zapotecas y los niños de antaño, mezcla resultante en alguna forma de este grupo étnico, traen consigo esta mentalidad que tiende a manifestarse en su vida cotidiana. La oscuridad de la noche era propicia para que, sentados sobre un pequeño montículo de arena fresca de río, la chamacada contara historias  sobre fantasmas: “Guenda ruchibi”. Unas veces las oían en voz de los “viejos”, otras de  algún niño que con buena memoria se las transmitía. Se hablaba del bidxaa, espíritu de alguien que se creencia le atribuye madad, que se hace presente o no, deambula en lo oscuro provocando ruidos y gritos extraños imitando la expresión gutural de algún animal. El “sombrerote,” personaje vestido elegantemente y “con mucha plata” para ofrecerla al incauto que cae en su seducción y dominio, convertirlo en su vasallo y llevarlo a vivir lejos, en la cumbre de una montaña o en alguna cueva para en un momento dado hacer el “mal” a otros, pues supónese que tiene pacto con el diablo, binidxaba. Se Cuenta también la historia de “la llorona”, mujer vestida de una blanca y sudada manta que gime desgarradoramente, ya que de esta forma expresa que su alma en pena vaga hasta que algo pendiente que ella dejó en el mundo de los vivos se vea realizado. Todos, “entes” imaginarios, pero eso sí con la creencia de ser portadores del mal y en la charla se da como si lo que se expone fuera una realidad, que aunque provoque miedo,  se torna, interesante para la mente infantil.

En el ambiente de pueblo, todo mundo se conoce, se respeta y se saluda. Y no falta alguien peculiar en su modo de ser, que lo hace distinto del otro, ya sea por poseer  congénito o adquirido algún vicio, cualidad, virtud, etc., sea por defecto físico o por algún hábito fuera de lo común que despierta curiosidad, gracia, burla, admiración y risa en niños y adultos. Este tipo de personaje se hace “relevante”, queda su dicho y su hecho para el comentario grato: Tá Llanque Castillejos “Chiquito”, empedernido tomador de mezcal, su saludo es un grito desgarrado y su gracia colocar un cigarrillo de hojas sobre sus pobladísimas cejas y exhibirse, “zou náa la o zahua lii” ese era su dicho habitual,  José “Huipa” ex-soldado de leva en la revolución, donde alcanzó el grado de cabo, traumado por lo que sufrió en sus andanzas y de mal comer en la brega, después de ingerir “anisado” marchaba solo por las calles haciendo ademanes con saludo militar. Genaro Clímaco, Naro Lele por sus largas extremidades inferiores, semejando al alcaraván, con unas copas que impactaban su cerebro le daba por filosofar: “si tu mal no tiene remedio, porqué sufres y si tu mal tiene remedio también porqué sufres” solía decir con cierta visión premonitoria hacia lo que en la vida es bueno o es malo. Ta Rafé Lluvi, músico por afición y por su adicción al “trago” ya no lo contrataban, de un instinto vivaz, con un papel u hoja verde de lambimbo sobre un peine, de su ronco pecho entonaba melodías para que algún parroquiano le obsequiara una copa y después a su “banquete” que era residuo de tortilla y sobras de comida que con los cerdos compartía en una canoa de madera. Y Tá Rafé aguantó más de un siglo a pesar de esa “vida”. Erasmo Toledo perspicaz y agudo charlador, su plática amena y entretenida despertaba interés y sus frases quedan: Naa Tá Llamo. Xi tal xa llac, le dice un amigo a otro, zaquezi naa marínu. ¿Cómo estás? es la pregunta y la respuesta, es “como siempre”, aunque hayan pasado varios años, hasta los 81, que ya pesaban sobre el cuerpo de Beto Marinu y que por lo mismo no podía conservarse igual, y tiempo después fue hallado muerto en un basurero.

 En las fiestas patrias, la noche del grito y el desfile obligado del l6 de septiembre, con la tabla calisténica organizada por el profesor Bruno Escobar Fuentes, acto muy concurrido porque era de regocijo para la gente del pueblo. Era especie de fiesta popular. Al terminar  el acto literario y el presidente municipal en turno de dar “el grito”, la concurrencia abandonaba el escenario. Quedaban algunos, ya “encopetados”, que a la voz de tribuna libre arengaban a la multitud: Ta Queño Cueto ngüí, Pedro Ché Vale, José “Huipa” y otros, lo hacían habitualmente, sus dichos incoherentes y burlones sobre algún hecho que la autoridad hacía mal, provocaba risas entre los espectadores para luego abandonar el lugar hasta el amanecer.      

Allá por los años cuarenta, antes de abrirse la carretera internacional, mercaderes oaxaqueños, “vallistos”, pasaban por Espinal, estancia de descanso después de un largo peregrinar. Cargaban sobre sus espaldas gruesas y pesadas pacas de pescado seco de san Mateo del Mar para llevar a Oaxaca. Tenían que cruzar en el trayecto la sierra de Guevea y Escuintepec y bajar a Mitla. En algún corredor de casa grande, estancia descansaban y los niños por curiosidad se asomaban y los rodeaban para hacerles picardía, robar algo de su mercancía mientras dormían y reírse de su indumentaria y de su menudo pero macizo cuerpo, al mismo tiempo, admirar su resistencia.

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El apodo para diferenciar al común ciudadano o simplemente para distinguirlo de otro, es de uso común  en los pueblos zapotecas, Al sustantivo se le acompaña con un adjetivo para la fácil identificación: así se dice de Luis “nanchi”, Luis “niño”, Luis “valor”, Luis “guitu”, de José; ché “cuachi”, ché “benda”, ché “bachana”, ché “tita”, ché “huabi”, ché “mistu”, de Antonio; Toño “morral”, Toño “músico”, Toño “neta”, Toño “llúu”, etc.

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Ganadores del Primer Concurso de Composición de la Canción Oaxaqueña 2024 «Canto de mi tierra»

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La redacción

Oaxaca de Juárez, Oax.-(Cortamortaja) 15 de junio de 2024.- La Secretaría de las Culturas y Artes premió a los ganadores de la fase regional del Primer Concurso de Composición de la Canción Oaxaqueña 2024 “Canto de mi tierra”. El evento se llevó a cabo en el auditorio del Tecnológico del Istmo este sábado, donde compositores de la región del istmo mostraron lo mejor de su talento musical.

Ganadores:

  1. Ricardo Amadeus Morquecho Toledo de Juchitán, con la canción “Oaxaqueño soy” (Primer Lugar).
  2. Amilkar Jiménez Juan de San Juan Guichicovi, con la canción “Oaxaca” (Segundo Lugar).
  3. Edgar Daniel Cartas Orozco de Santa María Mixtequilla, con la canción “Oaxaca en Primavera” (Tercer Lugar).

Jurado calificador:

  • José Hinojosa Martínez
  • Juan Nelson Enrique Rosas
  • Gustavo Pineda Díaz
  • Florentino Toledo de la Paz
  • Gustavo Álvarez Villalobos

El concurso destacó el talento y la creatividad de los compositores de la región, promoviendo la riqueza cultural y musical de Oaxaca. Las composiciones ganadoras reflejan el orgullo y la diversidad de la identidad oaxaqueña, resonando con la belleza y la historia de la tierra zapoteca.

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