Conecta con nosotros

Opinion

¿Ya acabó la revolución mexicana?*

Publicado hace

el

Permítanme hablar de la revolución mexicana y escribirla sólo por esta vez con minúsculas.
No es falta de respeto, no. Quiero simplemente tratarla con confianza, con cotidianeidad, con cercanía, con informalidad, sí con cierta irreverencia, quizá con normalidad.


Escribirla con minúsculas para cuestionarla, revisarla y ponerla en duda. Acaso para guardarla para siempre en mi corazón, como parte de la historia de mi país y para evitar que siga siendo materia del discurso de políticos, objeto de pugna entre candidatos y material inagotado de debates parlamentarios.
Y es que el próximo 20 de noviembre, la revolución mexicana cumple 106 años… Se inflaman el patriotismo y el revisionismo. Se inicia sin duda una temporada alta para conferenciantes e historiadores.
En espera de la gran gesta historiográfica que nos aguarda… Quiero hacerme algunas preguntas y compartirlas con usted: ¿Ya acabó la revolución mexicana? ¿Qué fue de ella? ¿Cuánto duró? ¿Cuándo acabó? ¿Y si ya acabó, por qué sigue siendo meta, bandera y discurso de partidos y grupos políticos? ¿Por qué subsisten los partidos revolucionarios? ¿Por qué aparecen Ejércitos zapatistas? ¿Por qué existen movimientos revolucionarios? ¿Acabó bien la revolución? ¿Logró su cometido? ¿Lo tenía? ¿Cuál es el saldo? ¿Fue una revolución exitosa? ¿Se agotó la revolución? ¿Se cansó? ¿Se gastó? ¿Por qué hay tanto nostálgico de la revolución? ¿Quedó algo pendiente? ¿Qué hacemos hoy con la revolución mexicana?
En un país educado durante un siglo para idolatrar la revolución, es difícil hacerse muchas de estas preguntas. La revolución mexicana es parte de una especie de tabú colectivo. Cuestionarla y revisarla, a pesar de la alternancia, sigue siendo, en cierto sentido, algo políticamente incorrecto.
Es claro que tenemos dos revoluciones: Una es la revolución como hecho, el acontecimiento, el fenómeno en sí, y la otra, muy clara, es la revolución como narrativa, como cuento, como mito, como construcción ideológica y propagandística.
Cada una tiene su propia historia. Una es la historia de los hechos, la otra es la historia de los cuentos. Una es la historia de Zapata, y la otra la historia del zapatismo. Por decirlo de alguna forma: una es la historia de Cristo y la otra es la historia de los evangelios.
La revolución como proceso histórico claramente terminó. La revolución como narrativa, como mito y como aspiración, vive, está ahí y es algo presente.
Para los mexicanos la revolución se ha convertido en un proceso perpetuo, en una transición incompleta, en una agenda inconclusa, en una obra abandonada. Quizá en consonancia con el monumento a la revolución en la ciudad de México, que es el rescate de una obra abandonada: ¿Sabía usted que el actual monumento a la revolución en la ciudad de México, fue el resultado del abandono de la construcción de un nuevo palacio legislativo en tiempos de Porfirio Díaz? Que gran metáfora.
Acaso los mexicanos no atinamos a cerrar el ciclo de la revolución de una vez y para siempre, porque nos cuesta trabajo reconocer que en cierta forma fracasamos, que algo hicimos mal. Tal vez no damos por concluida la revolución, porque sentimos culpa, porque tenemos vergüenza de cerrar una revolución social, con una cifra de más de más de 50 millones de mexicanos en condiciones reales de pobreza.
Quizá sentimos pena, al menos penita, al darnos cuenta de que hicimos todo un mitote revolucionario, en el que, al final, como en el cuento de Monterroso, cuando nos levantamos la pobreza y la desigualdad todavía estaban ahí.
Dice Peter Calvert, uno de los clásicos del estudio de las revoluciones, que la diferencia entre rebelión y revolución radica en su destino. La diferencia es el triunfo. La revolución gana. La rebelión fracasa. ¿Por qué hablamos de la revolución mexicana? ¿Quién ganó la revolución mexicana? ¿Los pobres? ¿Los obreros? ¿Los campesinos? ¿Por qué le seguimos llamando revolución?
Esta semana conmemoramos… una revolución fracasada en su más grande promesa… una revolución usada, gastada y manoseada. Una revolución plagada de adjetivos: un tiempo nacionalista, después constitucionalista, por tiempos agrarista, a ratos obrerista, un largo tiempo institucional y al cabo, hasta democrática. Pero una revolución que no logró su más caro anhelo: acabar con la desigualdad.
Nunca tuvimos una sola revolución mexicana. Tuvimos una narrativa que trató de resumir, de sintetizar y de explicar, muchas pequeñas rebeliones regionales y dispersas, en la idea, en el sueño de una gran revolución mexicana.
La revolución mexicana es una construcción intelectual ex post. Pedazos de un rompecabezas para armar por intelectuales e historiadores. Sus logros, que los tuvo y muchos, quedaron sepultados por la propaganda, por el afán de perpetuarse en el poder y por la corrupción.
Tuvimos una revolución que nunca lo fue del todo. Una revolución que surge con todas las causas, y que no atinó a resolver completo ningún problema. Tenemos una revolución mítica, que todo lo hacía y que todo lo podía. Una revolución perpetua, inacabada, que perdió el rumbo y el proyecto.
Promesas incumplidas. Deseos frustrados. Modernidades interrumpidas. La revolución mexicana se hizo conservadora y se perdió.
Todos los muertos de la revolución fueron a dar a una misma historia: Los muertos en campaña, se unieron a los muertos en cantina y todos, hicieron al final profesión de fe revolucionaria, en los libros de texto y en los discursos políticos.
De todas maneras, todos son mis muertos. Algunos poco gloriosos, cierto, pero mis muertos al fin. Son mis ancestros. Con sentido o sin sentido, con convicción o a la fuerza, mal o bien, todos forjaron de alguna forma mi país, son parte de eso que llamamos revolución, pero eso ya pasó. Eso ya terminó.
Los pueblos superan etapas y ciclos históricos.
Me hago la última pregunta ¿los mexicanos hemos superado la etapa revolucionaria? Mi impresión es que no del todo. La revolución sigue siendo instrumento y objeto de la propaganda política. La revolución sigue siendo parte del presente, sigue siendo ruta y opción inconsciente, para muchos mexicanos.
Tenemos que superar el ciclo, tenemos que cerrar el episodio. Tenemos que concluir para siempre el mito revolucionario, y asumir de una vez por todas, el proyecto democrático.
Necesitamos apostarle a la democracia para buscar esa misma justicia. Necesitamos abandonar la posibilidad de una ruta violenta y abrupta. Dejar la idea de una revolución mágica y justiciera, y abrazar el gradualismo de un cambio basado en el trabajo y en el esfuerzo, que sabe transitar por la vía institucional y democrática, de la política y de los acuerdos.
Escribir con minúscula a la revolución mexicana, no la hace pequeña, la hace normal, la hace humana. La convierte en lo que es, un episodio, un pasaje, una lección. Nos permite pasar a lo que sigue, dar finalmente la vuelta a la página y concluir que, para bien y para mal: ya acabó la revolución mexicana…
*Fragmento del texto: Ya acabó la revolución mexicana?/ El autor es analista político.

Click para comentar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Opinion

La ecuación cambió: victoria estratégica de la República Islámica de Irán frente al sionismo | Enfoque Mundial

– La ‘paciencia estratégica’ ha terminado. Con toda seguridad podemos afirmar que a partir del 14 de abril de 2024 todo ataque contra Irán será respondido contundentemente. Algo histórico.

Publicado hace

el

Hasta antes de la madrugada de este domingo el Estado de Israel se daba el lujo de ‘asesinar selectivamente’ a altos dirigentes iraníes, principalmente en suelo sirio, lo que está prohibido por el Derecho Internacional. Sin embargo, la República Islámica de Irán poco podía hacer, debido a su desventaja tecnológico-militar. Además de que al autodenominado ‘Estado Judío’ lo apoyan Estados Unidos de América (EEUU), Inglaterra, Alemania y otros ‘países satélite’ pertenecientes a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Ello provocó innumerables episodios dolorosos para la nación persa, tales como el asesinato de varios de sus mejores científicos. Las humillaciones tuvieron que ser soportadas por la dirigencia iraní que se preparó diligentemente durante décadas hasta contar con la suficiente fuerza para devolver el golpe en caso de recibirlo.

Y el día llegó. Después del bombardeo del consulado de Irán en Damasco, a principios de abril, que costó la vida de más de una docena de diplomáticos, entre ellos, militares de alto nivel del Cuerpo de Guardias de la Revolución Islámica (CGRI), el gobierno iraní prometió una respuesta militar, misma que cumplió.

Durante casi dos semanas los iraníes implementaron una audaz guerra psicológica, afirmando que esta vez vengarían a sus mártires. Ello provocó una incertidumbre pocas veces vista en el Estado sionista, conscientes de las capacidades bélicas desarrolladas por las mentes iraníes en lustros recientes, que les permiten fabricar drones de última generación, así como misiles hipersónicos, capaces de impactar en cualquier lugar de Israel o país vecino, estén o no protegidos.

Anuncio

El ataque del domingo en la madrugada (sábado en la noche en el hemisferio occidental) fue una pequeña muestra de lo que ahora son capaces los militares iraníes. A pesar de anunciar con suficiente antelación que atacarían objetivos israelíes desde ‘suelo iraní’; a pesar de que aliados árabes y occidentales de Israel pusieron a su servicio todas sus defensas antiaéreas, el golpe se efectuó tal como fue prometido.

El mundo fue testigo de los impactos en distintas bases de las Fuerzas de Defensa Israelí (FDI). La bofetada que el Imam Seyed Alí Jameneí dio al Primer Ministro Benjamín Netanyahu fue terrible y humillante. Con esto quedó establecida la nueva ecuación en las relaciones bilaterales.

El gobierno israelí ha pretendido maquillar la derrota afirmando que los complejos antiaéreos detuvieron el 99% de los drones y misiles que ingresaron al país, cuando es de sobra conocido que la mayoría de dichos artefactos eran señuelos que cumplían, precisamente, el propósito de saturar los sistemas defensivos, lo que fue muy bien logrado; tanto así, que se estima que Israel y aliados gastaron aproximadamente ¡mil cien millones de dólares! la noche del ataque. El costo de las armas ofensivas iraníes, por el contrario, fue diez veces menor.

La victoria iraní es innegable, tal como concuerdan los principales analistas militares y geopolíticos del orbe. El prestigio de la República Islámica se ha incrementado en el mundo musulmán, compuesto por más de mil quinientos millones de personas. La causa Palestina continúa vigente y con más posibilidades de triunfar, ahora que su principal aliado ha humillado al Estado de Israel. El mundo está cambiando en cuestión de días, y nosotros somos testigos de estos cambios.

La decisión esta vez se encuentra del lado israelí, cuya dirigencia tendrá que elegir entre seguir masacrando civiles en Gaza, invadir Líbano, atacar Irán o, sencillamente, alcanzar un acuerdo en los términos de Hamas y el Eje de la Resistencia, lo que equivaldría a reconocer su escandalosa derrota más de seis meses después del 7 de octubre de 2023.

Anuncio

El Estado de Israel enfrenta la peor crisis de su historia. La visión fundamentalista de su actual dirigencia acelera su desmantelamiento como régimen de segregación religiosa. El destino de Benjamín Netanyahu parece estar sellado.

Las próximas horas serán cruciales.

Continuar leyendo

Opinion

De Damasco a Quito. Violación de la soberanía mexicana | Enfoque Mundial

Publicado hace

el

«Ante la brutal irrupción perpetrada por la policía de Ecuador a la embajada mexicana la noche del viernes 5 de abril, y de acuerdo a la instrucción del presidente Andrés Manuel López Obrador, México anuncia el rompimiento de relaciones diplomáticas con ese país», se lee en el Comunicado número 128 de la Secretaría de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos Mexicanos.
(más…)

Continuar leyendo

Tendencia