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Cultura

EL BUEN TONO. NEGOCIO DE LOS AÑOS 40 y 50 DEL SIGLO PASADO.

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Las calles de Salina Cruz son como libros cerrados; cada una de ellas contiene historias de hechos y personajes que fueron referentes en el puerto durante muchos años del siglo pasado desde la década de 1940. Aunque ahí permanecen como testigos mudos e inmóviles, en su silencio atesoran crónicas hermosas sobre la historia de Salina Cruz.


Las principales calles tienen nombres de puertos: Manzanillo, Tuxpan, Progreso, Guaymas, Acapulco, Mazatlán y Coatzacoalcos, entre otros; sus principales avenidas: Tampico, Manuel Ávila Camacho y 5 de Mayo.

Hoy comparto una breve semblanza de “El Buen Tono” negocio importante en esos años que estuvo ubicado en la calle Guaymas parte céntrica de nuestra ciudad. Para ser más exacto en la manzana 29 según el plano trazado por la compañía Pearson cuando construyó la ciudad. La manzana 29 comprende las calles Guaymas y Progreso; así como parte de las avenidas Manuel Ávila Camacho y 5 de Mayo.

Sobre la calle Guaymas se pueden contar muchas historias de las familias y negocios que ahí estuvieron; pero ahora me voy a referir solamente a uno de ellos que fue referente en el puerto y que los salinacrucenses de antaño que aún vivimos podemos recordar: “EL BUEN TONO”.
Estuvo ubicado casi a la mitad de esta parte de la calle Guaymas
y junto a lo que ahora es Foto Estudio Lara.

En un principio, por la década de los años cuarenta del siglo pasado, el “Buen Tono” fue una peluquería a cargo del señor Francisco Salva Osorio, más conocido como don Pancho. El local era propiedad de don Luis Bianchi que además tenía otros en la parte de atrás que rentaba como viviendas o bodegas comerciales.
Don Francisco fue padre de don Juventino; pero también fue padre adoptivo del señor Abel Ruiz Salvador más conocido como «Moyo», papá de la profesora Lucila Ruiz Kat. Por la edad y otros motivos don Pancho dejó de trabajar, la peluquería pasó a manos de su hijo don Juventino con el apoyo de don «Moyo» que como peluqueros se encargaron de la clientela. En el mismo local, pero en otro cuarto se abrió el negocio de cultora de belleza que atendió la señorita Cirila, más conocida como «Ciri», que hacía peinados y arreglos para damas. A principios de los años cincuenta también se convirtió en Agencia de Publicaciones
“El Buen Tono” para la venta de periódicos, historietas y revistas. En “el Buen Tono” se vendían los periódicos de la ciudad de México con un día de retraso que traían los autobuses “Cristóbal Colón” cuya terminal estuvo en la misma calle Guaymas cercana a la avenida Cinco de Mayo.
En “el Buen Tono” se vendían los periódicos El Universal, Excélsior, La Prensa, la revista ¡Siempre! y los diarios deportivos Ovaciones y el Esto, entre otros. Asimismo los salinacrucenses adquirían sus historietas como Lágrimas y Risas, Tarzán, Hopalong Casidy, Roy Rogers, Memín Pinguín, la Familia Burrón, el Llanero Solitario, el Santo y otros más.

En la parte de la vecindad don Juventino abrió el primer negocio de agua purificada en Salina Cruz y en el Istmo que se llamó “La Victoria”, el agua se repartía en garrafones de vidrio en toda la ciudad y también en Tehuantepec, esto sucedía a mediados de los años cincuenta. Recuerdo que por esos años y parte de los sesenta mi padre Santiago Villalana López más conocido como el «Bichi» fue trabajador de don Juventino y más tarde de don Moyo. Él se encargaba con una carretita de llevar los garrafones a los domicilios y cuando se requería iba con el chofer a entregar el líquido a Tehuantepec.
Más tarde don Moyo se encargó de este negocio y además fue el primero en abrir el negocio de bebidas embotelladas conocidas como «gaseosas» que se distribuía en los locales comerciales de la ciudad y otra parte se enviaba a los pueblos de la región chontal. Don «Moyo» y su esposa preparaban el jarabe y entre ambos llenaban las botellas de coronita y con una máquina sellaban la corcholata.

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Con el paso del tiempo don Juventino trasladó su peluquería a la avenida Ávila Camacho en un local donde estuvo el hotel Tehuantepec, frente a la Posada del Jardín, ya con el nombre de Susnellys, en honor a sus hijas Susana y Nelly. Don Juventino traspasó el negocio a su trabajador el joven Víctor Fernández que más tarde lo trasladó al hotel Salina Cruz y luego a la calle Progreso en donde permaneció muchos años hasta desaparecer por completo.
El negocio de gaseosas también se perdió cuando llegaron a Salina Cruz los refrescos embotellados, lo mismo sucedió con el agua purificada de don «Moyo». La agencia de periódicos y revistas “El Buen Tono” decayó con la muerte de doña Ciri y también por la apertura de nuevos negocios que le hicieron la competencia.
Esta breve historia nos hace evocar algunos momentos importantes de nuestro puerto.

(Agradecimientos a mi amiga la profesora Lucila Ruiz Kat por su aportación en algunos datos para esta crónica).

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Cultura

Cuentos y dichos del niño y el adulto zapoteca espinaleño

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Profesor Luis Castillejos Fuentes / Libro El Espinal: génesis, historia y tradición / Foto: Internet

El terror a la muerte es la base del animismo primitivo de los zapotecas y los niños de antaño, mezcla resultante en alguna forma de este grupo étnico, traen consigo esta mentalidad que tiende a manifestarse en su vida cotidiana. La oscuridad de la noche era propicia para que, sentados sobre un pequeño montículo de arena fresca de río, la chamacada contara historias  sobre fantasmas: “Guenda ruchibi”. Unas veces las oían en voz de los “viejos”, otras de  algún niño que con buena memoria se las transmitía. Se hablaba del bidxaa, espíritu de alguien que se creencia le atribuye madad, que se hace presente o no, deambula en lo oscuro provocando ruidos y gritos extraños imitando la expresión gutural de algún animal. El “sombrerote,” personaje vestido elegantemente y “con mucha plata” para ofrecerla al incauto que cae en su seducción y dominio, convertirlo en su vasallo y llevarlo a vivir lejos, en la cumbre de una montaña o en alguna cueva para en un momento dado hacer el “mal” a otros, pues supónese que tiene pacto con el diablo, binidxaba. Se Cuenta también la historia de “la llorona”, mujer vestida de una blanca y sudada manta que gime desgarradoramente, ya que de esta forma expresa que su alma en pena vaga hasta que algo pendiente que ella dejó en el mundo de los vivos se vea realizado. Todos, “entes” imaginarios, pero eso sí con la creencia de ser portadores del mal y en la charla se da como si lo que se expone fuera una realidad, que aunque provoque miedo,  se torna, interesante para la mente infantil.

En el ambiente de pueblo, todo mundo se conoce, se respeta y se saluda. Y no falta alguien peculiar en su modo de ser, que lo hace distinto del otro, ya sea por poseer  congénito o adquirido algún vicio, cualidad, virtud, etc., sea por defecto físico o por algún hábito fuera de lo común que despierta curiosidad, gracia, burla, admiración y risa en niños y adultos. Este tipo de personaje se hace “relevante”, queda su dicho y su hecho para el comentario grato: Tá Llanque Castillejos “Chiquito”, empedernido tomador de mezcal, su saludo es un grito desgarrado y su gracia colocar un cigarrillo de hojas sobre sus pobladísimas cejas y exhibirse, “zou náa la o zahua lii” ese era su dicho habitual,  José “Huipa” ex-soldado de leva en la revolución, donde alcanzó el grado de cabo, traumado por lo que sufrió en sus andanzas y de mal comer en la brega, después de ingerir “anisado” marchaba solo por las calles haciendo ademanes con saludo militar. Genaro Clímaco, Naro Lele por sus largas extremidades inferiores, semejando al alcaraván, con unas copas que impactaban su cerebro le daba por filosofar: “si tu mal no tiene remedio, porqué sufres y si tu mal tiene remedio también porqué sufres” solía decir con cierta visión premonitoria hacia lo que en la vida es bueno o es malo. Ta Rafé Lluvi, músico por afición y por su adicción al “trago” ya no lo contrataban, de un instinto vivaz, con un papel u hoja verde de lambimbo sobre un peine, de su ronco pecho entonaba melodías para que algún parroquiano le obsequiara una copa y después a su “banquete” que era residuo de tortilla y sobras de comida que con los cerdos compartía en una canoa de madera. Y Tá Rafé aguantó más de un siglo a pesar de esa “vida”. Erasmo Toledo perspicaz y agudo charlador, su plática amena y entretenida despertaba interés y sus frases quedan: Naa Tá Llamo. Xi tal xa llac, le dice un amigo a otro, zaquezi naa marínu. ¿Cómo estás? es la pregunta y la respuesta, es “como siempre”, aunque hayan pasado varios años, hasta los 81, que ya pesaban sobre el cuerpo de Beto Marinu y que por lo mismo no podía conservarse igual, y tiempo después fue hallado muerto en un basurero.

 En las fiestas patrias, la noche del grito y el desfile obligado del l6 de septiembre, con la tabla calisténica organizada por el profesor Bruno Escobar Fuentes, acto muy concurrido porque era de regocijo para la gente del pueblo. Era especie de fiesta popular. Al terminar  el acto literario y el presidente municipal en turno de dar “el grito”, la concurrencia abandonaba el escenario. Quedaban algunos, ya “encopetados”, que a la voz de tribuna libre arengaban a la multitud: Ta Queño Cueto ngüí, Pedro Ché Vale, José “Huipa” y otros, lo hacían habitualmente, sus dichos incoherentes y burlones sobre algún hecho que la autoridad hacía mal, provocaba risas entre los espectadores para luego abandonar el lugar hasta el amanecer.      

Allá por los años cuarenta, antes de abrirse la carretera internacional, mercaderes oaxaqueños, “vallistos”, pasaban por Espinal, estancia de descanso después de un largo peregrinar. Cargaban sobre sus espaldas gruesas y pesadas pacas de pescado seco de san Mateo del Mar para llevar a Oaxaca. Tenían que cruzar en el trayecto la sierra de Guevea y Escuintepec y bajar a Mitla. En algún corredor de casa grande, estancia descansaban y los niños por curiosidad se asomaban y los rodeaban para hacerles picardía, robar algo de su mercancía mientras dormían y reírse de su indumentaria y de su menudo pero macizo cuerpo, al mismo tiempo, admirar su resistencia.

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El apodo para diferenciar al común ciudadano o simplemente para distinguirlo de otro, es de uso común  en los pueblos zapotecas, Al sustantivo se le acompaña con un adjetivo para la fácil identificación: así se dice de Luis “nanchi”, Luis “niño”, Luis “valor”, Luis “guitu”, de José; ché “cuachi”, ché “benda”, ché “bachana”, ché “tita”, ché “huabi”, ché “mistu”, de Antonio; Toño “morral”, Toño “músico”, Toño “neta”, Toño “llúu”, etc.

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Ganadores del Primer Concurso de Composición de la Canción Oaxaqueña 2024 «Canto de mi tierra»

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La redacción

Oaxaca de Juárez, Oax.-(Cortamortaja) 15 de junio de 2024.- La Secretaría de las Culturas y Artes premió a los ganadores de la fase regional del Primer Concurso de Composición de la Canción Oaxaqueña 2024 “Canto de mi tierra”. El evento se llevó a cabo en el auditorio del Tecnológico del Istmo este sábado, donde compositores de la región del istmo mostraron lo mejor de su talento musical.

Ganadores:

  1. Ricardo Amadeus Morquecho Toledo de Juchitán, con la canción “Oaxaqueño soy” (Primer Lugar).
  2. Amilkar Jiménez Juan de San Juan Guichicovi, con la canción “Oaxaca” (Segundo Lugar).
  3. Edgar Daniel Cartas Orozco de Santa María Mixtequilla, con la canción “Oaxaca en Primavera” (Tercer Lugar).

Jurado calificador:

  • José Hinojosa Martínez
  • Juan Nelson Enrique Rosas
  • Gustavo Pineda Díaz
  • Florentino Toledo de la Paz
  • Gustavo Álvarez Villalobos

El concurso destacó el talento y la creatividad de los compositores de la región, promoviendo la riqueza cultural y musical de Oaxaca. Las composiciones ganadoras reflejan el orgullo y la diversidad de la identidad oaxaqueña, resonando con la belleza y la historia de la tierra zapoteca.

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