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Cultura

Joyeros: Las manos doradas de Juchitán

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I

El taller ocupa un espacio pequeño del corredor de la casa que habita Cándido con su familia en la Quinta Sección de Juchitán. Una mesita de madera desgastada por el constante uso y otra más larga acapara todo el lugar. Sobre ellas se dejan ver desordenadas pinzas y tenazas de distintas medidas, limas, clavos, cinceles, martillos, un soplete, piezas de fierro y madera.

Cándido Santiago Esteva es el dueño del taller que no tiene ningún nombre rotulado en ninguna parte. Este zapoteca tiene 35 años, desde los nueve años tuvo los primeros contactos con el oficio de orfebre, una actividad prácticamente de tradición familiar, tanto por el padre como por su madre.
La orfebrería en filigrana es su especialidad, pero comenzó con lo más básico; la joyería en fantasía. Prácticamente empezó su contacto con el cobre, el oro y la plata a los 11 años con su tío Miguel, quien lo metió a trabajar como asistente en un taller del fraccionamiento La Riviera de Juchitán.
Cándido terminó sus estudios básicos, prefirió el oficio familiar por sobre la escuela. Con 15 años empezó a desarrollar su destreza en el arte de la filigrana en un taller de la Primera Sección, para cuando cumplía 25 años se decidió a fundar su propio estudio de trabajo, “pequeño pero mío” , comenta sonriente.
19 años de oficio respaldan a Cándido, de todos los orfebres tradicionales que existen en Juchitán, es el único que ha tomado cursos de filigrana y orfebrería con artistas como Charles Lewton- Brain y Cristina García, además de trabajar con los diseños de artistas como Francisco Toledo.
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Con el pintor oaxaqueño trabajó varias piezas en plata que luego fueron expuestas en la exposición “Artificios. Plata y Diseño en México 1880 -2012” de la Fundación Banamex, una muestra conformada por más de dos mil piezas, desde el Siglo XIX hasta la actualidad. Muchas de las piezas provienen de E.U.A, sede de las colecciones más importantes del diseño de plata mexicano.
“Yo le trabajé al maestro Toledo unas piezas de pene. Los hacía en mi taller, aquí en Juchitán. Cuando ya tenía algo viajaba hasta la ciudad de Oaxaca y se los enseñaba en el desayuno. Él siempre me escuchaba y me decía, casi siempre- Está bien-. Cuando se hizo la exposición, el maestro me invitó y cuando vi mis piezas expuestas detrás de una vitrina me conmovió mucho. Nunca pensé ser parte de algo grande”
Pero no llegó hasta ese momento de la nada, todo comenzó cuando la diseñadora Natalia Toledo empezó a trabajar con él. El primer trabajo fuera de lo rutinario fue la elaboración en oro de un par de camarones. La encomienda puso a prueba su capacidad y talento.
“Nunca había hecho camarones. Así que ni modos que dijera que no podía. Lo primero que hice fue comprar un kilo de camarones y empezar a dibujarlos para ver como amoldarlos al diseño que me encargaron. Después de mucho lo logré. A partir de allí empecé a trabajar con Natalia, a convertir en oro sus diseños.”, explica.
Cándido es sincero al comentar que el oficio de joyero ya no es muy redituable, sobre todo lo que se dedican al oro, todo debido al alto índice de delincuencia que azota la región, “es riesgoso” asegura. Muchos de sus compañeros pasaron del oro a la fantasía.
“Ya muy poca gente manda hacer oro, porque los asaltan mucho. La gente mejor no se arriesga. El mercado cayó mucho en la zona. Todo le van a la fantasía, por consecuencia la chamba cayó en el oro, se hace plata o fantasía, filigrana de fantasía, es lo que me mandan hacer.”
Este joven de 32 años, dejó de ser un simple joyero de barrio, aunque él insista que sigue siendo el mismo. Ahora es requerido por el Centro de las Artes de San Agustín ( CaSa) para impartir clases de joyería tanto a estudiantes como a los artesanos de Oro de Monte Albán o a los maestros joyeros de Tlaxiaco. Su exquisito trabajo ya es requerido por jóvenes diseñadoras del istmo y Oaxaca.
Cándido no se mueve casi de su pequeño taller, desde allí continúa realizando trabajos artísticos que se venden en tiendas de diseño o se exhiben en galerías y pendientes de filigrana que las zapotecas lucen en las fiestas.

II

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Juan, con gran esmero y paciencia frota el pequeño cepillo de acero sobre las piezas de cobre, sumergiéndolas una y otra vez en una jícara con agua de jabón, limón y sal. El procedimiento es ritual casi todos los días, se lo sabe de memoria desde hace más de 15 años, cuando su padre murió y el taller de dorado cayó bajo su responsabilidad.
Juan Marcial Cerqueda es un sujeto más que conocido en la Cuarta Sección de Juchitán, el barrio de los coheteros, por el oficio de orfebre que desempeña, aunque él humildemente asegura que no lo es en el estricto sentido de la palabra, se asemeja más a un alquimista, que convierte como por arte de magia el cobre en oro. Y sí, es uno de los tantos alquimistas zapotecas que están detrás de cada pieza de joyería de fantasía que una mujer porta en las fiestas.
Ingeniero por la Universidad Politécnica Nacional, pero orfebre por convicción y responsabilidad de dar continuidad al taller de su padre. Desde la niñez tiene recuerdos del laboratorio de su progenitor, pero más de los regaños del viejo cuando él y sus hermanos osaban acercarse a ella.
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“Mi papá nos corría del taller porque consideraba que nuestras miradas de niños eran fuertes, eran dañinas para las joyas, que si mirábamos directo el dorado no iba impregnarse bien a las joyas”.
Juan tomó las riendas del negocio al estar su padre en cama muy enfermo y ante la preocupación de quedar mal con sus clientes dio instrucciones precisas a su hijo para sacar los compromisos pactados. Así, sin más, Juan se vio en un taller dorando joyas de fantasía y armando nuevas piezas para el mercado local, regional, estatal y hasta para el diseñador Armando Mafud.
Los conocimiento de ingeniería lo llevaron a instalar un pequeño laboratorio, por lo que el proceso de dorado de las piezas de cobre pasan por varias etapas como el niquelado (consiste en la aplicación en la superficie de un objeto una capa de níquel, la finalidad es mejorar la resistencia a la corrosión o por cuestiones decorativas o como base para otros revestimientos) , la electrogalvanoplastia (es el revestimiento de un objeto, como una llave, con una capa de metal.) y por último el dorado con laminas de oro.
Juan considera que su taller es un poco de reciclaje económico, por lo que el auge y la demanda han crecido enormemente por varias razones, entre ellas; La economía, las piezas cuestan de 100 a mil 500 pesos, cuando una joya de oro de grandes dimensiones va de 15 a 50 mil pesos o más. La inseguridad, debido a los asaltos y secuestros, las mujeres ya no invierten tanto en oro ante el temor de ser objetos de la violencia.
Pero Juan no es el único que interviene en el proceso de fabricación, también está su esposa Nereida Ruiz, que recibe los pedidos, arma y ajusta las diferentes piezas para completar una joya completa. En algunas ocasiones realiza el mismo procedimiento de limpieza con las joyas en reciclaje. Para completar el ciclo las exhibe en unas vitrinas de su pequeño negocio colocado en la parte frontal de su casa en la Avenida Juárez.
Juan y Nereida no conciben la vida de otra manera, tampoco vislumbran a una zapoteca sin joyas, de oro o fantasía, mucho menos un reino sin dorado.

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Cultura

Juana Hernández López: La Voz de la Mixteca que resuena en la Guelaguetza 2024

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Una vida de lucha y dedicación que une fronteras y preserva la riqueza cultural de su comunidad

Oaxaca de Juárez, Oaxaca.- (Cortamortaja) 22 de Junio de 2024.- En el corazón de la Guelaguetza, la festividad más emblemática de Oaxaca, ha emergido una figura que encarna la resistencia, el amor por la cultura y la dedicación incansable a su comunidad. Juana Hernández López, originaria de Santiago Juxtlahuaca, ha sido coronada como la Diosa Centéotl 2024, una distinción que celebra no solo su belleza y carisma, sino también su extraordinaria trayectoria y compromiso social. Hoy, en un momento aún más significativo, Juana celebra su 65 cumpleaños, un detalle que añade más emoción y significado a su historia de vida.

Juana no es solo una docente de español e historia; es una narradora de la realidad y una guerrera por la justicia educativa. Su camino ha estado marcado por la adversidad y la migración, habiendo tenido que dejar su amado Juxtlahuaca para buscar oportunidades en Estados Unidos. Esta experiencia no la quebrantó, sino que la fortaleció, convirtiéndola en una voz poderosa para la comunidad migrante mixteca.

En Fresno, California, Juana tomó las riendas de Radio Bilingüe, entendiendo que cuando los migrantes cruzan las fronteras, llevan consigo más que pertenencias; llevan su lengua, su cultura y su identidad. Desde los micrófonos de la radio, Juana se convirtió en un faro para aquellos que añoraban su tierra, ofreciendo no solo información y compañía, sino un puente que conectaba corazones divididos por la distancia.

El regreso de Juana a Juxtlahuaca no fue un retorno a la comodidad, sino una extensión de su misión. Desde 2019, ha dirigido un programa en XETLA, La Voz de la Mixteca, donde comparte su lengua materna, las tradiciones ancestrales y las historias de la comunidad migrante. A través de las ondas radiales, sigue tejiendo la trama de su cultura, manteniéndola viva y vibrante.

Juana Hernández López no solo representa a las mujeres de su comunidad; representa a todas aquellas personas que han tenido que abandonar su hogar en busca de un futuro mejor. Su historia es un testimonio de resiliencia y pasión, un recordatorio de que la cultura es un tesoro que nos sigue, nos define y nos une, sin importar cuán lejos estemos de nuestro lugar de origen.

Hoy, como Diosa Centéotl y celebrando sus 65 años, Juana ilumina la Guelaguetza con su presencia y su historia, una luz de esperanza y fortaleza para todos aquellos que, como ella, creen en el poder transformador de la educación y la cultura.

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Cultura

Cuentos y dichos del niño y el adulto zapoteca espinaleño

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Profesor Luis Castillejos Fuentes / Libro El Espinal: génesis, historia y tradición / Foto: Internet

El terror a la muerte es la base del animismo primitivo de los zapotecas y los niños de antaño, mezcla resultante en alguna forma de este grupo étnico, traen consigo esta mentalidad que tiende a manifestarse en su vida cotidiana. La oscuridad de la noche era propicia para que, sentados sobre un pequeño montículo de arena fresca de río, la chamacada contara historias  sobre fantasmas: “Guenda ruchibi”. Unas veces las oían en voz de los “viejos”, otras de  algún niño que con buena memoria se las transmitía. Se hablaba del bidxaa, espíritu de alguien que se creencia le atribuye madad, que se hace presente o no, deambula en lo oscuro provocando ruidos y gritos extraños imitando la expresión gutural de algún animal. El “sombrerote,” personaje vestido elegantemente y “con mucha plata” para ofrecerla al incauto que cae en su seducción y dominio, convertirlo en su vasallo y llevarlo a vivir lejos, en la cumbre de una montaña o en alguna cueva para en un momento dado hacer el “mal” a otros, pues supónese que tiene pacto con el diablo, binidxaba. Se Cuenta también la historia de “la llorona”, mujer vestida de una blanca y sudada manta que gime desgarradoramente, ya que de esta forma expresa que su alma en pena vaga hasta que algo pendiente que ella dejó en el mundo de los vivos se vea realizado. Todos, “entes” imaginarios, pero eso sí con la creencia de ser portadores del mal y en la charla se da como si lo que se expone fuera una realidad, que aunque provoque miedo,  se torna, interesante para la mente infantil.

En el ambiente de pueblo, todo mundo se conoce, se respeta y se saluda. Y no falta alguien peculiar en su modo de ser, que lo hace distinto del otro, ya sea por poseer  congénito o adquirido algún vicio, cualidad, virtud, etc., sea por defecto físico o por algún hábito fuera de lo común que despierta curiosidad, gracia, burla, admiración y risa en niños y adultos. Este tipo de personaje se hace “relevante”, queda su dicho y su hecho para el comentario grato: Tá Llanque Castillejos “Chiquito”, empedernido tomador de mezcal, su saludo es un grito desgarrado y su gracia colocar un cigarrillo de hojas sobre sus pobladísimas cejas y exhibirse, “zou náa la o zahua lii” ese era su dicho habitual,  José “Huipa” ex-soldado de leva en la revolución, donde alcanzó el grado de cabo, traumado por lo que sufrió en sus andanzas y de mal comer en la brega, después de ingerir “anisado” marchaba solo por las calles haciendo ademanes con saludo militar. Genaro Clímaco, Naro Lele por sus largas extremidades inferiores, semejando al alcaraván, con unas copas que impactaban su cerebro le daba por filosofar: “si tu mal no tiene remedio, porqué sufres y si tu mal tiene remedio también porqué sufres” solía decir con cierta visión premonitoria hacia lo que en la vida es bueno o es malo. Ta Rafé Lluvi, músico por afición y por su adicción al “trago” ya no lo contrataban, de un instinto vivaz, con un papel u hoja verde de lambimbo sobre un peine, de su ronco pecho entonaba melodías para que algún parroquiano le obsequiara una copa y después a su “banquete” que era residuo de tortilla y sobras de comida que con los cerdos compartía en una canoa de madera. Y Tá Rafé aguantó más de un siglo a pesar de esa “vida”. Erasmo Toledo perspicaz y agudo charlador, su plática amena y entretenida despertaba interés y sus frases quedan: Naa Tá Llamo. Xi tal xa llac, le dice un amigo a otro, zaquezi naa marínu. ¿Cómo estás? es la pregunta y la respuesta, es “como siempre”, aunque hayan pasado varios años, hasta los 81, que ya pesaban sobre el cuerpo de Beto Marinu y que por lo mismo no podía conservarse igual, y tiempo después fue hallado muerto en un basurero.

 En las fiestas patrias, la noche del grito y el desfile obligado del l6 de septiembre, con la tabla calisténica organizada por el profesor Bruno Escobar Fuentes, acto muy concurrido porque era de regocijo para la gente del pueblo. Era especie de fiesta popular. Al terminar  el acto literario y el presidente municipal en turno de dar “el grito”, la concurrencia abandonaba el escenario. Quedaban algunos, ya “encopetados”, que a la voz de tribuna libre arengaban a la multitud: Ta Queño Cueto ngüí, Pedro Ché Vale, José “Huipa” y otros, lo hacían habitualmente, sus dichos incoherentes y burlones sobre algún hecho que la autoridad hacía mal, provocaba risas entre los espectadores para luego abandonar el lugar hasta el amanecer.      

Allá por los años cuarenta, antes de abrirse la carretera internacional, mercaderes oaxaqueños, “vallistos”, pasaban por Espinal, estancia de descanso después de un largo peregrinar. Cargaban sobre sus espaldas gruesas y pesadas pacas de pescado seco de san Mateo del Mar para llevar a Oaxaca. Tenían que cruzar en el trayecto la sierra de Guevea y Escuintepec y bajar a Mitla. En algún corredor de casa grande, estancia descansaban y los niños por curiosidad se asomaban y los rodeaban para hacerles picardía, robar algo de su mercancía mientras dormían y reírse de su indumentaria y de su menudo pero macizo cuerpo, al mismo tiempo, admirar su resistencia.

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El apodo para diferenciar al común ciudadano o simplemente para distinguirlo de otro, es de uso común  en los pueblos zapotecas, Al sustantivo se le acompaña con un adjetivo para la fácil identificación: así se dice de Luis “nanchi”, Luis “niño”, Luis “valor”, Luis “guitu”, de José; ché “cuachi”, ché “benda”, ché “bachana”, ché “tita”, ché “huabi”, ché “mistu”, de Antonio; Toño “morral”, Toño “músico”, Toño “neta”, Toño “llúu”, etc.

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